¡Está pelón!

Pertenezco, involuntariamente, a esa porción de la humanidad que a partir de cierta edad tiende a perder las pilosidades de la parte superior de la cabeza en un patrón que semeja tonsura de franciscano. En otras palabras: me estoy quedando calvo.

No es de extrañar entonces que recibiera con una sonrisa apenas frenada por las orejas la novedad de que varios grupos de científicos encontraron ciertas variantes genéticas relacionadas con la calvicie.

Mi razonamiento decía: si ya encontraron alguna razón genética, no tardarán en hallar una forma de interferir en el proceso y, si la fortuna nos sonríe a los de coronilla brillante, incluso de revertir la pérdida. ¡Viva!

La debida lectura de algunas notas detallando la historia envió al traste mi prematuro entusiasmo. Me explico.

Uno de los trabajos tenía como autores a científicos del King’s College Londinense, de la Universidad McGill en Canadá y de la farmacéutica GlaxoSmithKline. Estos investigadores hallaron, en el cromosoma 20, dos variantes genéticas hasta ahora desconocidas que, “cuando se presentan juntas en el mismo individuo multiplican por siete el riesgo de padecer alopecia. Y esta condición se da en uno de cada siete hombres”.

Al margen de que esto significa que 14 por ciento de la población mundial tiene las variantes que lo condenan a ser cabeza de bola de billar, el asunto tiene más datos.

El primer punto tiene que ver con la historia. Hasta antes de estos informes, sólo se había hallado asociación entre la calvicie y el receptor de andrógenos ubicado en el cromosoma X, transmitido por vía materna. En otras palabras, antes culpábamos a nuestra madre por nuestro calvo destino.

Ahora tenemos datos más precisos. Las nuevas variantes genéticas están en el cromosoma 20, cerca de los genes llamados PAX1 y FOXA2.

Las variantes se hallaron en una muestra de mil 125 hombres caucásicos y se conformaron en otro grupo de mil 650 varones. En el segundo grupo también se halló el dato numérico: si la persona tiene las dos variantes, su riesgo de tener frente amplia se multiplica por siete.

Brent Richards, de McGill, dice que si bien apenas se ha identificado una causa del problema, “ya es un primer paso”. Y aunque las pruebas sólo se hicieron en caucásicos, lo más probable es que el asunto sea común a otras razas.

Lo que sea. Pero, doctores, en nombre de millones y millones de pelones: ¡apúrense con la solución! (se vale soñar... con pelo)..

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Saludos, Lacho. Ni tiempo de

Saludos, Lacho. Ni tiempo de despedirme. Te mando un fuerte abrazo. Te voy a echar de menos.