Escaparate: Los amorosos/Y el silencio más fino

Si las rejas no matan, el amor menos

Después de la terrible tempestad vino la calma.

Cautivos. Las balas interrumpieron la tranquilidad del Penal del Topo Chico. Hubo gritos, llanto, inconformidad e impotencia. Después de la terrible tempestad vino la calma. Entonces, a través de los barrotes, hablaron las miradas y los labios; por una vez las palabras no fueron necesarias.

Margarito Cuéllar