Entonces, ¿para qué sirve el FMI?
Ante el colapso financiero actual, economistas proponen reformular los organismos internacionales, adecuados a nuevos parámetros.
Sin cumplir, hasta ahora, un papel activo en la crisis financiera iniciada en Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) puede ser símbolo del fin de un ciclo y de la necesidad de otro sistema adecuado al nuevo orden económico mundial.
Pero la crisis no significa la extinción del fondo, sino que le ofrece “una oportunidad” para reflotar, superando el “vacío de misión” en el que se encuentra desde hace tiempo, señaló Eduardo Viola, profesor del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia.
Ante la evidente “necesidad de gobernabilidad global” en el área financiera, el FMI podría adquirir autoridad de “monitoreo y regulación”, incluso sobre las grandes potencias, pero eso es para el futuro, y después de mucha negociación, dijo Viola a IPS.
Un FMI “enjuto y reestructurado” podría adquirir una función en la nueva “era de la regulación” que vendrá, como organismo que “uniformaría las reglas” de una “globalización efectiva”, impidiendo que “cada uno haga lo que quiera”, como ocurre ahora, coincidió Carlos Thadeu de Freitas, ex director del Banco Central brasileño.
El sistema financiero, tal como existe internacionalmente y en muchos países, “está acabando” y será necesario encontrar “soluciones nacionales”, para luego, y en base a lo que sobreviva, “reinventar un nuevo formato” mundial, opinó a su vez el profesor de economía en la Universidad de Campinas, Ricardo Carneiro.
El FMI –que celebra desde el viernes y hasta hoy su reunión anual junto a la institución hermana, el Banco Mundial– perdió importancia en una crisis de la magnitud actual, y no dispone de recursos para ayudar a las grandes naciones, “sólo a países periféricos”.
En una operación mayor de apoyo a Brasil, en 1998, el fondo aportó 41 mil 500 millones de dólares, de los cuales 18 mil millones eran propios y el resto procedentes de bancos internacionales de desarrollo y de países ricos, como Estados Unidos, Japón y algunos europeos.
Hoy Brasil dispone de más de 200 mil millones de dólares en reservas cambiarias, superando el monto del que dispone el FMI para socorrer a naciones en dificultades. Las sumas necesarias hoy para salvar a sistemas financieros nacionales alcanzan billones de dólares y no se conoce aún la dimensión total de la crisis.
Los consensos que se van formando permiten prever una tendencia a la fuerte regulación, pero la forma de establecerla exigirá una difícil negociación. “Primero habrá que apagar incendios” y evitar colapsos, antes de negociar un sistema internacional, observó Freitas.
Por ahora el camino de la solución parece ser la coordinación entre los bancos centrales y las autoridades financieras de las mayores economías.
Pero las incertidumbres son enormes, aún no se sabe si el proceso avanzará a través de “formas cooperativas o conflictivas”. En el segundo caso se crearía “un escenario peligroso como el de los años 1930”, que podría reactivar, por ejemplo, el “aislacionismo de Estados Unidos”, evaluó Viola.
No es posible ya imaginar al Grupo de los Ocho países más poderosos (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón, más Rusia) sin China, mucho más potente que varios miembros, alegó. Su participación es “decisiva” en la reestructuración internacional, como lo son Estados Unidos, Gran Bretaña, el bloque del euro en la Unión Europea y Japón, sostuvo.
También deberían tener voz en la coordinación países “de segunda línea”, como Brasil, India, Rusia, Canadá, México y Corea del Sur, señaló.
De hecho, el G-8 podría celebrar una reunión de emergencia en los próximos días, y Rusia ha pedido que tomen parte también algunos de los países emergentes.
En opinión de Viola, “no hay solución nacional para esta crisis”, ya que las “políticas monetarias nacionales la agravan”. Una reforma del sistema financiero internacional exige mayor cooperación y regulación, lo que entraña “ceder parte de la soberanía nacional”.
Eso incluiría, por ejemplo, reglas para políticas cambiarias que podrían limitar controles como los practicados por China, que mantiene su moneda muy devaluada, favoreciendo a sus exportaciones.
¿Lo aceptaría Pekín? Es posible, porque ese país también tiene interés en evitar crisis como la actual, según Freitas.
Mientras se trata de superar la fase aguda del terremoto, marcada por el pánico y la falta de confianza, con una coordinación aún informal de los bancos centrales, los economistas tienen protagonismo, pero será necesario un nuevo liderazgo para reencauzar la globalización.



