Renovarse... o ir a la quiebra

En las últimas semanas, mientras participaba en un entusiasmado grupo de periodistas que aprendíamos a hablar (o mejor: a articular las palabras correctamente), tuve muchas ocasiones de reflexionar sobre la situación del periodista en general y del divulgador en particular.

No es para menos: en años recientes el gremio se ha visto apaleado por toda clase de factores externos e internos. Entre los internos hay muchos, pero podemos resumirlos en los siguientes: la insolvencia profesional, que nos impide ser claros, oportunos, pertinentes e interesantes, y las prisas que nos comen la vida con la brújula perdida.

Las amenazas externas sobran. Algunas las describe formidablemente el periodista Pete Hamill en un breve pero contundente manifiesto llamado News is a verb. Las otras las conocemos bien: la radio y la televisión, con su inmediatez y el poder de la imagen, han relegado a la prensa escrita al papel de contextualizadora. A su vez, ambas se ven amenazadas por la ubicuidad y vastedad de internet.

Crisis como la que se desató a últimas fechas en los Estados Unidos y que, a pesar de las esperanzadoras opiniones de nuestros expertos económicos y financieros, acabarán dejándonos otra vez desinflados y derruidos, son otro factor en contra de la relevancia del periodista: la gente se cansa de escuchar noticias si casi todas son malas.

En este contexto de apreturas y de medidas desesperadas, de una terrible sensación de indefensión ante factores nacidos en otras latitudes y desde otros cinismos, si los periodistas en general parecen aves de mal agüero, los divulgadores parecemos seres de otro planeta.

En charlas de amigos, cuando les digo que estos garrotazos de la crisis pueden hallar respuesta en la ciencia, se me quedan viendo como si fuera un marciano. Casi les puedo leer la mente: ¿ves que el país se nos deshace entre las manos y tú sales con domingo siete?

Marcelino Cereijido comentó, en La ignorancia debida, lo difícil que es vender la ciencia en nuestros países latinoamericanos, tan poco funcionales. Y recuerdo que Andrés Oppenheimer (Cuentos chinos), a pesar de los tristes escenarios que plantea la realidad sobre nuestras latitudes, todavía se las arregla para ser optimista y creer en una salida.

Como siempre, la hay; como siempre, implica renovarse, aprender, adaptarse. Pero hace falta que, como chinos, veamos en la crisis el otro lado del ideograma, que significa oportunidad. Crezcamos.

www.periodismocientifico.com

muy buen comentario el

muy buen comentario el ultimo...la oportunidad..pues como tu lo manejas...en tiempos de crisis la desesperacion es la minita de oro del otro...los traumados que van con el psicologo, el psicolog que necesita trajes, los manufactureros que necesitan herramientas, es una cadenita que va desenvolviendo de nuevo la economia....

manejaste super bien el tema de la economia y te felicito porque en diversos blos es tanto el drama que le ponen que te hacen sentir mal y con ideas suicidas y tu...me demostrasteque se le puede ver el lado bueno a esta crisis mundial!!!

felicidades!!