Si la vida te da la espalda... desestresate
El estrés puede ocasionar dolores de cabeza, cansancio, insomnio, ansiedad e inclusive acelerar la pérdida de la memoria en la vejez
Es inicio de semana, otra vez comienzan las carreras, el levantarse temprano, prepararse para ir a trabajar, dejar a los niños en la escuela, atender los pendientes de la oficina y lidiar con el odioso tráfico de todos los días.
A menudo nos enfrentamos a circunstancias que nos alteran los nervios, nos desgastan y producen estrés, pero contrario a lo que pueda pensarse el estrés no es tan malo como parece, pues a fin de cuentas es sólo una respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante situaciones amenazadoras o desafiantes y en bajos niveles es bueno pues nos motiva y ayuda a ser más productivos.
Desafortunadamente cuando este proceso de activación es muy intenso, los recursos se agotan y comenzamos a experimentar dolores de cabeza, cansancio, insomnio, falta de apetito, problemas gastrointestinales, ansiedad y demás.
El estrés tiene su origen en eventos externos que no son necesariamente notorios o intensos sino que sus efectos pueden acumularse hasta llegar al límite.
La manera en que interpretamos y asimilamos lo que nos ocurre con frecuencia es lo que desencadena una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación en sí.
De acuerdo a investigaciones de Peter Jaret, periodista especializado en salud, el aumento de las hormonas del estrés en la sangre, debilitan el sistema inmunitario y nos hace más vulnerables a infecciones como el resfriado y la gripe.
Así mismo el estrés excesivo se asocia con numerosos trastornos, desde agruras y herpes labial hasta asma y cáncer, inclusive puede acelerar la pérdida de la memoria en la vejez.
Otros estudios indican que las personas que no duermen lo suficiente son más propensas a experimentar un aumento de las hormonas del estrés.
Según Lyle H. Miller, Ph.D., y Alma Dell Smith, Ph.D, psicólogas norteamericanas, y autoras de “The Stress Solution: An action Plan to manage the Stress in your life”, el estrés se clasifica en tres:
Agudo: Que es la forma más común de estrés.
Este trastorno se caracteriza por la aparición de un conjunto de síntomas de ansiedad que tienen lugar después de la exposición a un acontecimiento altamente traumático como accidentes, asaltos, secuestros, etcétera
Por lo general el estrés agudo tiene una duración de más de dos días y hasta un máximo de cuatro semanas.
Agudo Episódico: Las personas que lo padecen siempre están apuradas pero por lo regular llegan tarde, asumen muchas responsabilidades, pero tienen demasiadas cosas entre manos y no pueden organizar la cantidad de exigencias autoimpuestas.
Es común que las personas con reacciones de estrés agudo estén agitadas, tengan mal carácter, sean irritables y ansiosas.
Los síntomas del estrés episódico son los síntomas de una sobre agitación prolongada: dolores de cabeza persistentes, migrañas, hipertensión, dolor de pecho y enfermedades cardiacas.
Crónico: Es el más dañino de todos, pues destruye al cuerpo y la mente, las personas que lo padecen se desgastan hasta llegar a una crisis nerviosa final y fatal.
Este tipo de estrés puede conducir al individuo al suicidio, la violencia o bien ocasionarle apoplejía o cáncer, sus síntomas son difíciles de tratar y pueden requerir de tratamiento médico, de conducta y manejo del estrés.
Debido a que el estrés modifica nuestros hábitos de salud y las prisas, el exceso de trabajo y la tensión aumentan las conductas no saludables (beber, comer en exceso o fumar), lo más recomendable para ganar la batalla contra este mal que está de moda es relajarse, hacer ejercicio, mantener una dieta saludable, organizar tu tiempo, mantener expectativas realistas y ordenar tu espacio personal.
Pero no olvides que lo más importante es hacerle frente a la vida con una sonrisa y una actitud positiva, sólo recuerda que no hay mal que por bien no venga.
¿Y tú te dejas abatir por el estrés?



