Acuden al festejo de Panchito
Cerca de 20 mil personas, la mayoría de Monterrey, atiborran Real de Catorce en la fiesta anual de San Francisco de Asís.
Enclavado en las alturas de la sierra de Catorce, en el estado de San Luis Potosí, al norte de México. Real de Catorce es uno de los pueblos que vincula los aspectos rituales y míticos.
Real de Catorce es un pueblo fantasma que con las festividades de su patrono San Francisco de Asís, cada 4 de octubre cobra vida y llegan miles de devotos que se apoderan de las calles y callejones de este poblado.
Desde el arribo al poblado a simple vista se aprecia lo duro que ha sido la existencia de este pueblo que se encuentra a 2750 metros de altitud y cuya principal vía de acceso es a través de un túnel de 2300 metros de longitud.
Recorrer el túnel del Ogarrio en carreta tirada por mulas, es una experiencia inolvidable.
Arco de bienvenida al pueblo del altiplano potosino. Foto: Lorenzo Encinas
Con una longitud de casi 3 kilómetros, el recorrido de 20 minutos, transporta a los visitantes a un encuentro con su fe y la magia del pasado.
Como si se tratará de una máquina del tiempo, al llegar al pueblo, el pasado parece imperar en el pueblo.
Sin temor a equivocarnos Real de Catorce es un pueblo para caminar, la travesía comienza, una vez que se cruza el túnel.

Túnel del Ogarrio, única entrada y salida del viejo poblado. Foto: Lorenzo Encinas
Una calle empedrada que divide las viejas casonas de dos pisos, aún habitadas, y que conduce a la parroquia de la Purísima Concepción.
Ahí se encuentra la plaza principal, antiguamente llamada Plaza del Carbón, por ser el lugar donde los carboneros llegaban a vender su producto. En ella sobresalen una fuente circular y la herrería de los jardines.
Frente a la parroquia está la antigua Casa de Moneda, un enorme edificio que aún conserva los soberbios barandales de los balcones. El edificio es imponente y refleja la opulencia de épocas pasadas.
Los peregrinos acuden por miles a su cita anual. Foto: Lorenzo Encinas
La mayoría de los peregrinos no se detienen para contemplar las construcciones del pueblo antiguo. Ellos llevaban mucha prisa, les urgía llegar a la Iglesia para estar con Panchito.
Una hilera de creyentes poco a poco fueron llenado el atrio y las calles aledañas a la iglesia.
Con los cuartos de hospedaje totalmente saturados, la mayoría de la gente tiene que dormir en las banquetas.
Chavos banda de Monterrey visitan a Panchito. Foto: Lorenzo Encinas
Pese a todo, el ambiente en Real de Catorce era de fiesta.
Una tambora entonaba melodías en honor al santo, mientras un grupo de matlanchines esperaba su turno para brindar sus respectos a Panchito.
Para los ocho de la noche, el pueblo estaba repleto y la gente buscaba un lugar cerca de la parroquia para dormir.
Las calles lucen atiborradas de devotos. Foto: Lorenzo Encinas
Lo que seria un día redondo para los comerciantes se convirtió en una pesadilla. Al filo de las ocho y media, un apagón acabó con la fiesta y paralizó las actividades. Una sobrecarga de energía dejo a casi todo el poblado sin electricidad. El enojo de los comerciantes era evidente.
Más y más gente llegaba, todos querían estar cerca para cantarle a San Francisco.
Al filo de las 4 de la mañana, con seis grados de temperatura, los peregrinos ahí reunidos entonaron las tradicionales mañanitas.
Ataviado con el hábito de San Francisco este hombre cumple su manda. Foto: Lorenzo Encinas
Se estima que acudieron a los festejos unas 20 mil personas
Una larga fila de miles de personas de forma ordenada entraba a la iglesia.
Durante la misa Lucas Martínez Lara, Obispo de Matehuala, coronaba a San Francisco.
Pese a las incomodidades, el frío y a obscuras, los fieles ahí estuvieron, soportando estoicamente y seguramente, el año entrante ahí estarán
La Parroquia es el lugar más concurrido en Real de Catorce durante los festejos. Foto: Lorenzo Encinas
La mayoría de los peregrinos no es la primera vez que realizaba el viaje, un alto porcentaje venía de Monterrey.
Terminado el viaje, los visitantes de nueva cuenta volverán a realizar una aventura extrema en su regreso a sus lugares de origen.
Ante la saturación de los cuartos de hotel la gente duerme en la calle . Foto: Lorenzo Encinas
La antigua casa de la moneda ahora luce abandonada. Foto: Lorenzo Encinas
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