Palin divide a mujeres en Florida

Los guiños que la candidata republicana realizó durante su debate con el demócrata Joseph Biden han provocado polémica incluso entre sus mismas filas en el estado sureño.

Tal vez nunca antes un gesto tan nimio como el guiño de Palin haya asumido una importancia electoral tan grande.

Porque mientras que, como dice el cliché: los ojos son la ventana del alma, la manera en la que Palin utilizó los suyos fue una ventana al enfoque de las mujeres en uno de los lugares más contendidos de estas elecciones.

La batalla de pestañas de Palin comenzó en los primeros momentos del debate contra Joe Biden, el jueves 2 de octubre –como también el análisis sintáctico de su significado entre las asistentes a una reunión, en Florida, para ver el debate.

“Intenta actuar como una belleza sureña. No se comporta como alguien que podría ser la presidenta de Estados Unidos, y John McCain está a un ataque al corazón de distancia de cederle el puesto”, dijo Priscilla Glascock, enfermera de 26 años que apoya a Barack Obama. “A los hombres les va a encantar”, afirmó con desdén.

No sólo a los hombres. “Pienso que es para morirse de la risa”, dijo Amanda Day, consultora de 36 años que votará por los republicanos. “Pienso que las mujeres se pueden relacionar con la idea de estar en una situación muy seria, en la que hay que tomar distancia guiñando un ojo o encogiéndose de hombros.”

Pero para la anfitriona, Kit Pepper, 52 años, miembro de la no-partidista Liga de Mujeres Votantes, el guiño de Palin fue una afrenta a los años que lleva intentando establecer su propia firma de consultoría política en un mundo dominado por los hombres.

“Nos guiñó el ojo”, dijo Pepper con incredulidad. “Todas las afirmaciones de que la prensa y los demócratas son sexistas se fueron por la ventana. El hecho de que esta mujer, como candidata a la vicepresidencia, me haya guiñado el ojo por televisión nacional es insultante.”

La casa de Pepper en Winter Park, en las afueras de Orlando, está en la parte políticamente volátil del centro de Florida –el principal campo de batalla en un estado contendido.

La mitad de sus vecinos tienen leyendas de McCain en su césped, la otra mitad está con Obama.

Cuando las invitadas comenzaron a llegar con botellas de vino tinto etiquetadas “Bitch”
(“Cabrona”) y “Red Truck” (“Camión Rojo”) y muñecos bailarines de McCain, se notó que estaban parejamente divididos en sus preferencias –con emblemas rojas las republicanas, azules las demócratas y doradas las indecisas.

Pero mientras que las lealtades estaban establecidas desde antes, el espectáculo Palin-Biden avanzó muy pronto a un terreno desconocido, como el primer debate vicepresidencial entre un hombre y una mujer candidatos.

Para las dos docenas de mujeres invitadas, con edades que iban desde los finales de la adolescencia hasta poco más de 60, resultó imposible pasar por alto el uso que hizo Palin de su feminidad y los esfuerzos de Biden para evitar cometer errores sexistas.

Las invitadas gritaban de alegría cuando el medidor de reacciones de CNN mostraba consistentemente que Palin recibía una respuesta más entusiasta de los hombres que de las mujeres. Biden, en contraste, fue más exitoso con las mujeres.

Pero sus propias reacciones también mezclaron las líneas divisorias entre la política y el género. Algunas de las más acérrimas demócratas sintieron admiración por la audacia de Palin –aun cuando proclamaron a Biden como ganador del debate en sustancia política.

Algunas republicanas no pudieron evitar disociarse de Palin –aun cuando apreciaban su habilidad para utilizar los guiños y los cambios casuales de tono y las frases coloquiales para conectarse con la clase media estadunidense.

Pepper había organizado su reunión esperando que, de alguna forma, Palin se autodestruyese. Una invitada, del otro lado del espectro político, admitió que había apagado la televisión esa semana, durante la ahora famosa entrevista de Palin en CBS. “Simplemente era demasiado vergonzoso”, dijo.

Al final de la noche, la mayoría de las invitadas admitieron que Palin no había cometido errores significativos. Pero aun cuando las frases coloquiales de la candidata republicana a la vicepresidencia fueron simpáticas, no inspiró confianza.

Desde las profundidades de un sofá muy concurrido, Day le otorgó una calificación mucho
más alta a Biden en sustancia. “En política externa la superó totalmente”, dijo, pero luego argumentó que, de todas formas, los estadunidenses no votan basándose en los temas internacionales.

Palin tampoco pudo evitar dar la impresión de que los adiestradores republicanos le habían enseñado el guión, y de que ella lo repetía una y otra vez. “Si la escucho decir la palabra “disidente” una vez más me volveré loca, y soy republicana”, dijo Lisa Romine.

Si Biden sintió una frustración similar, lo ocultó bastante bien, pero Barbara Nelen, masajista de 52 años que se había declarado “indecisa”, pensó que había detectado un poco de condescendencia. “En ciertos momentos, él simplemente suspiraba”, dijo. “Estaba bastante claro que se sentía superior a ella.”

Su hija Alexa, estudiante que votará por primera vez, no se dejó impresionar por Palin. “Pienso que intenta ser una oradora motivacional, y que no nos dice qué haría en el gobierno.”

Cuando terminó, Day levantó los brazos como un boxeador victorioso y gritó: “¡Sobrevivió, sobrevivió”.

Hasta las demócratas tuvieron que aceptarlo, Palin sobrevivió –caray.

© The Guardian
Traducción: Franco Cubello

Suzanne Goldenberg