Crónica:

La primera elección de Garrapatas

La democracia llegó a esta zona y se instalaron las urnas. Sin embargo, para sus habitantes fue un día normal: con las cervezas del domingo. Se quejan de sus carencias y piden que el ganador les lleve educación.

Garrapatas, Acapulco. En este distrito que está por la zona de “Cuero colgando y Sal si puedes” no se respetaron ni los horarios ni la ley seca. Los hombres bebieron frente a las urnas.

A unos kilómetros del puerto, pero con un camino de brecha casi intransitable, las cerca de 200 personas que viven en Garrapatas tuvieron una casilla por primera vez.

El único candidato que los visitó fue el convergente Luis Walton. Ni Gloria Sierra (PRD) ni Manuel Añorve (PRI) llegaron a este lugar.

Los hombres siguen con su rutina dominguera y destapan sus caguamas. La llegada de la prensa los tensa, pues no están acostumbrados a recibir tantas visitas.

Silverio acepta que no todos votaron, por qué debían hacerlo, si nunca les han hecho caso. Los funcionarios electorales cerraron como a las 5 de la tarde la casilla y se llevaron las boletas.

Juan, uno de los habitantes más notoriamente politizados, asegura que ahí ganará Luis Walton.

“Sólo Convergencia pensó en nosotros”, dice.

Uno de los que están más borrachos inmediatamente agrega: “Claro, si vino a pagar el voto”.

A lo que Juan atajó: “No es cierto, imagínese si llegan pagando el voto... Eso es corrupción, ¡cómo va a gobernar así Walton!”.

Al borrachito insiste en que vio cómo pagaron.

La conversación cambia de rumbo y Gumaro, uno de los más viejos, empieza a relatar la miseria en la que viven.

Aquí en Garrapatas hay una pequeña escuela que sólo tiene tres aulas, además de una telesecundaria en la que la televisión no existe y un pequeño kínder.

Gumaro señala que Emiliano Zapata les dejó esas tierras y que ellos tienen que seguir cultivándolas, pero “no tenemos nada. Aquí vienen unas camionetas que nos compran nuestro maíz y limones, nosotros no tenemos cómo bajarlos al puerto”.

Demuestra su alegría porque las lluvias han fortalecido su cosecha, pero se entristece al explicar que no tienen animales porque “hay una peste que está matando a muchos y no hay dinero para el veterinario. Ni siquiera para bajar de aquí a nuestros enfermos”.

Para los pobladores de Garrapatas la elección sólo es un acontecimiento novedoso, porque les pusieron por primera vez una casilla en su comunidad, pero se dicen hartos de la política, lo cual quedó manifiesto cuando en Acapulco hubo casi 60 por ciento de abstencionismo.

Todos muestran su miseria, platican su hambre, preguntan si los reporteros van a regresar o harán lo mismo que los políticos: “Dejarlos solos”.

Se quejan de su miseria y ambicionan un cambio impulsado en la educación.

Salvador afirma que ellos son “campesinos huarachudos a los que nadie quiere, pero que hicimos la Independencia. Usted (¿señora o señorita, cómo prefiere?), ¿cree que la libertad nos la dieron los
españoles?”.

Es uno de los habitantes politizados y, como varios, asegura que el ganador será el candidato de Convergencia.

Georgina Morett