“Nos salimos para no morir ahogados”
Después de los desbordamientos ocurridos en Villahermosa en 2007, la promesa fue que no volvería a suceder. Hoy la historia se repite
A los habitantes de la Francisco Villa, los ríos Carrizal y Grijalva los puso a pensar.
En un principio se hicieron los valientes pero después, cuando el agua superó los 50 centímetros, les dio miedo.
Entonces empezaron a pedir auxilio usando el teléfono. Hablaron a la radio y la televisión para que les ayudaran a evacuar su colonia. Así fue.
Ayer los soldados y los marinos remolcaron una serie de lanchas para desalojar a las primeras 100 familias que quedaron atrapadas en la periferia de Villahermosa.
Cuando los militares se aparecieron no dudaron en subirse con prontitud a la embarcación.
“No tuvimos otra alternativa que salirnos, porque está subiendo el nivel del agua.”
Ana de la Rosa sólo se ocupó en llevarse lo necesario: un colchón, ropa y el monedero.
“Habíamos pensando en quedarnos, pero no queremos morir ahogados”.
Detrás de Ana, su esposo se puso a cargar unos garrafones vacíos, que seguramente serán de utilidad en el albergue.
“Nos quedamos en el albergue del parque Tabasco”, agregó el marido de Ana. Lo dijo a duras penas, con la voz entrecortada.
Unos 50 soldados y marinos jalaron de las embarcaciones. En ellas transportaron a niños y ancianos que ya no pueden más con este panorama de ríos desbordados en Tabasco.
“Nos duele que el año pasado nos dijeron que ya no nos volveríamos a inundar”, fue lo último que comentó el matrimonio.
Francisco Villa, una colonia que carece de los servicios básicos, nació hace algunos años en medio de matorrales y de pantanos.
Algunos dicen que se escuchó hablar de la Francisco Villa cuando todo se permitía en el gobierno de Roberto Madrazo (1995-2000) en Tabasco. En ese sexenio crecieron los asentamientos irregulares.
Es más, a la colonia limítrofe con la Francisco Villa sus pobladores la bautizaron con el nombre de Roberto Madrazo.
Ayer jueves, mientras los militares continuaron evacuando la zona, sus habitantes se quejaron con los reporteros de los robos a las casas que han realizado los pandilleros de la región.
“Yo ya estaba en un albergue, pero regresé por mis cosas porque los maleantes se las están llevando”, lamentó un maestro de educación primaria.
La Francisco Villa, donde cada año se reportan los altos índices de robos y agresiones físicas, está rodeada de desesperanza, pero también de bonanza. En sus alrededores han construido fraccionamientos para la clase media y alta y un cúmulo de franquicias dedicadas a la venta de comida.
En las colonias del norte de Villahermosa, la policía patrulla las calles mediante lanchas y cayucos.
Han prometido muchos años de cárcel para los ladrones pero siguen sin usar las esposas o gastar una de las balas.
“Lo único que han agarrado son culebras, es lo único que se ve por aquí, y un poco de lombrices”, dijo Asunción Estrada.
En la Francisco Villa algunos —aunque son pocos— dijeron ayer que vivirán en las azoteas de sus casas. Los pocos valientes son los que han construido, lentamente, una casa con cemento y ladrillos. Ellos sí pueden decidir habitar en las alturas; el resto sólo puede decir que su casa es de madera y cartón.
En Indeco, una colonia vecina de Francisco Villa, el agua se metió en los primeros caseríos.
A las amas de casa les preocupa que el agua de río, al mezclarse con el agua de los drenajes, ponga en riesgo la salud de los niños.
Aquí, en la zona oeste de Villahermosa, las colonias empiezan a quedarse vacías poco a poco.
Una minoría cree que “nada” grave pasará, pero una gran mayoría se ha sumado al éxodo que comenzó desde el pasado fin de semana.
—¿Por qué se van? —preguntan los reporteros a una familia que lleva a cuesta una maleta.
—Porque aquí ya no se puede vivir —responden.




NO SEAN INGRATOS, SI EN
NO SEAN INGRATOS, SI EN VERDAD LOS QUIEREN AYUDAR HÁGANLO PERO EN OTRO TERRITORIO A SALVO DEL AGUA QUE TIENE MEMORIA.