Diego OsornoHistorias de NadieDiego Enrique Osorno es reportero del Grupo Editorial Milenio desde el año 2000. Nació en Monterrey, Nuevo León, México en 1980. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y ha hecho cursos de post-grado en Información y Guerra en la Universidad Complutense de Madrid.
Crónicas y reportajes suyos han aparecido en Gatopardo, Replicante, Letras Libres, Nexos, Rebelión y Narco News. Ha publicado dos libros de poesía, uno de crónicas colectivas titulado "Venezuela dijo no", editado por el Instituto del Libro Cubano, así como otro titulado Oaxaca Sitiada, publicado por la editorial Random House Mondadori.
Como reportero ha viajado y escrito de situaciones de conflicto en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú, Haití, el País Vasco, Siria, Líbano y China, además de dar seguimiento a los casos de movimientos sociales como el de Oaxaca, Atenco, el EZLN, el EPR y el conflicto minero en México, así como también ha dado cobertura de temas relacionados con el narcotráfico.
Es profesor en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Participó como invitado y leyó textos en el Encuentro Internacional de Escritores de Monterrey 2007, el cual estuvo dedicado al periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Aunque se la pasa viajando por diversos lugares, su casa está en la sierra de Santiago, en Nuevo León.
Contacto: diego.osorno@gmail.com
Cartas cruzadas*
La matanza del 2 de octubre es una de las masacres más evidentes de los comienzos del terrorismo de Estado en América Latina.
No pretendemos hacer justicia por mano propia en torno a lo sucedido hace 40 años, pero señalar a los culpables es la única manera de que la historia no la escriban sólo los poderosos y es la única forma de lograr que las lecciones ejemplares del pasado nos sirvan hoy en día a los jóvenes que luchamos por la democracia, la libertad y la justicia para este país que nos duele y que se llama México.
Hemos heredado el deber de hacer lo necesario para que la atrocidad cometida en la Plaza de las Tres Culturas no quede impune. Si no lo conseguimos, los criminales seguirán corrompiendo a nuestro país. Si no hay verdad y justicia, el 2 de octubre de 1968 resurgirá.
¡Dos de octubre no se olvida!
C.O.S.
Recibí tu mensaje electrónico. ¿Para qué quieres que firme el manifiesto de los 40 años si sabes lo que pienso de “los líderes del 68”, esa gente que ahora está sentada en una curul o en un estudio de televisión opinando hasta de las cascaritas de fútbol que había en aquellos años en los alrededor de la Plaza de las Tres Culturas?
¿Acaso es una provocación?
Un abrazo,
O.Z.T.
El 68 es un símbolo para los que desde la izquierda continuamos hoy la lucha histórica de nuestros padres.
El poeta Samuel Taylor Coleridge decía que sin memoria no hay esperanza, porque el presente es un fantasma que conocemos sólo por su dolorosa nostalgia si no respira el aire vital del futuro.
Quienes combatimos en la actualidad la soberbia autoritaria, el control y el saqueo del país, tenemos como referente lo que sucedió a lo largo del 68 en México, porque el 68 no es solamente la matanza del 2 de octubre: el 68 son también los centenares de presos políticos en Lecumberri, las tomas militares de la Preparatoria de San Ildefonso, de las Vocacionales, de la Ciudad Universitaria, del Casco de Santo Tomás, de Zacatenco.
Hoy, al hablar del 68, la mente colectiva remite de manera inmediata: “2 de octubre, la masacre”. No sucede como en Francia que el 68 invoca todo un mes, mayo, o en Estados Unidos donde se piensa en toda una época -los sesentas- al igual que en Japón. Aquí en México el 68 es tan sólo la masacre del 2 de octubre y ya. Nos olvidamos de la represión sistemática, pero sobre todo, de lo que sigue significando hoy en día el 68, esa alegre rebeldía que brotó en contra de un sistema férreo, desafiado en el 65 por los médicos, en el 66 por universitarios, en el 67 por el Politécnico y en el 68 por un movimiento juvenil amplio y diverso, con una vitalidad tremenda.
Fukuyama, eco amaestrado del poder dominante, decretó hace unos años “El fin de la historia”, diciéndonos que los jóvenes de las nuevas generaciones ya no tenemos nada que hacer porque llegamos tarde a la cita con la historia.
No. Nosotros no somos apocalípticos y pensamos que la historia no se ha terminado. De hecho, ¿por qué no?, quizá la historia aún está por empezar a suceder.
Eso es más o menos lo que se plantearía en el manifiesto que estamos elaborando los hijos de los participantes del movimiento estudiantil del 68.
Va también un abrazo para ti.
C.O.S.
Es una provocación.
¿Te refieres a esa “izquierda” donde cohabitan ahora por igual Arturo Nuñez Acosta, quien como legislador se burló de los muertos de Tlatlelolco, entre ellos mi padre, y de Raúl Álvarez Garín, uno de esos líderes que su compromiso -burocrático también, claro - es tal que hasta cobra en nóminas gubernamentales, trabajando en reivindicar “la causa” de aquellos años? Nomás falta que al rato Rosario Ibarra de Piedra y el asesino Luis Echeverría, juntos, le tomen la protesta durante su reelección, a López Obrador.
No veo la relación entre aquella energía juvenil y el actual cebo oficinesco de la “izquierda”. No nos hagamos, desde hace 10 años, cuando el gobierno priista ordenó publicar la fotografía de Ernesto Zedillo golpeado por la policía de entonces, y Televisa empezó a sacar -¡30 años después de permanecer callada!- programas especiales sobre el 68, la historia fue absorbida por el Estado. La perdimos.
A 40 años, ya no hay mucha rebeldía en decir que el 68 fue un crimen de Estado. Ahora lo rebelde en realidad sería hablar también sobre las cobardías, las traiciones y los errores del movimiento. Digo, para seguir en la lucha histórica, nosotros que somos los herederos de ella.
Cada día el pasado es más impredecible.
Otro abrazo.
O.Z.T.
Sin el 68 hubiera tardado más en arrancar la transformación democrática del país, esa que tu menosprecias –aunque tengas razones personales, quizá más que yo, para no hacerlo-, pero que te ha dado mínimas garantías para manifestarte y no ser aplastado por el Estado; o te ha permitido acceder a una mayor cantidad de opiniones diversas en esa prensa que antes era mucho más despótica.
Hay un proverbio africano que dice que hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador. Nue2stros padres y nosotros, no gratuitamente, si no a costa de derrotas, de lucha y de esfuerzos infatigables, finalmente conseguimos que hubiera casi tantos leones como cazadores hablando sobre el 68. Y eso no es una cosa menor.
Los leones eran pocos en aquellos años: Elena Poniatowska, Julio Scherer, Gabriel García Marquez. Ahora, la relativa libertad para hablar del tema, es cierto, permite que cualquier gato de angora se convierta a veces en león y hable sobre esa historia, pero no por ello ha dejado de existir el silencio y la represión oficial ante el resurgimiento del 68.
Aún falta mucho, mucho, por reivindicar. Hay algunos líderes que quedaron identificados como los personajes emblemáticos del movimiento, esos que sueles criticar por ser “los niños bonitos” del 68, pero que han asumido su papel histórico, su circunstancia, no por menosprecio hacia los demás, si no como una manera de perpetuar su lucha. Cuestión de enfoques. Y de estómagos.
Sobre los errores, las traiciones y las cobardías que mencionas, esas me parece que tienen una importancia relativa hasta cierto punto en un movimiento que aún está a la espera de que el Estado le pida perdón por lo sucedido y de que haya una reflexión más justa que la que hay en la actualidad.
Después de eso, si te complace, hablamos hasta de la influencia de la moda otoñal en la ropa que usaban los manifestantes del 68.
No antes.
C.O.S.
¿Garantías para manifestarse hoy en día? Mmm… La última vez que lo hice en Oaxaca estuve a punto de ir a una cárcel, junto con las cerca de 500 personas que sí fueron encerradas. No me salvé sin embargo de una golpiza propinada por federales, y de ver morir asesinado por paramilitares a un entrañable amigo. La democracia no permite una política fuera del sistema democrático. En este sentido, la democracia es totalitaria, pero ese es otro tema.
Elena Poniatowska y Julio Scherer, sí, es muy cierto, cumplieron con su deber de periodistas cuando pocos tenían el valor de hacerlo. ¿Pero Gabriel García Marquez? García Marquez defendió a Luis Echeverría en todos los foros que pudo.. Era tal el respaldo ideológico de García Marquez a Echeverría, que por ejemplo, evitó en los setentas que organizaciones internacionales condenaran al gobierno mexicano por lo sucedido en Tlatelolco.
Y así como esta hay muchas historias que no nos han contado a los de nuestra generación porque la izquierda de hoy que tu defiendes fue infiltrada por el echeverrismo. Incluso, por momentos pienso que hay más de Echeverría que del 68 en la izquierda actual.
Conste, es una duda.
Como dice Fernando Pessoa, todo lo que sabemos es una impresión nuestra y todo lo que somos es una impresión ajena.
Por cierto, en alguno de esos actos de conmemoración del 2 de octubre, ¿hay alguien de los que suelen estar arriba en el podio que pueda nombrar de memoria a por lo menos diez de los muertos por decenas que hubo ese día?, ¿a cinco?, ¿a uno? ¿Podrías recordarlos ahora tu mismo?
Con el paso del tiempo, el 68 no revolucionó nada. Lo único revolucionado después de 40 años fue la farándula. Insertados en la comentocracia, antiguos representantes estudiantiles inspirados, se convirtieron ahora en los comentadores de moda de la audiencia. ¿Te has puesto a pensar si habrá algún “líder del 68” que tenga tan siquiera un pensamiento inédito sobre lo que sucedió hace 40 años? Cualquier recuerdo u ocurrencia es motivo para elaborar manifiestos nostálgicos, en el caso de los más modestos; y libros y documentales, en el caso de los más visionarios. Otros nada más se conforman con que alguien - de izquierda claro- les dé trabajo a sus hijos o una diputación.
Perelló, Cabeza de Vaca: El noble fuera de la ley tiene más posibilidades de entrar en el reino del mito y la balada populares que uno de esos estudiantes campesinos, morenos, tartamudos y que además, para colmo, tuvieron la estúpida ocurrencia de morirse el 2 de octubre de 1968.
El dos de octubre no se olvida. Pero el nombre de sus muertos sí. De ellos nadie se acuerda.
Te mando un abrazo combativo.
O.Z.T.
*Texto hecho luego de conversaciones con hijos de activistas que participaron en el movimiento de hace 40 años.



