Simpatías y diferencias

En la jornada final de una conferencia internacional sobre la gripe, escribo en el silencio relativo de la sala de prensa y pienso sobre lo mucho que nos une y lo mucho que nos separa en el camino hacia una respuesta global ante una potencial pandemia.

Y es que somos tan parecidos y tan distintos, tan universales y tan particulares, que los contrastes abundan.

Estamos, por ejemplo, en un sitio llamado Vilamoura, en el sur de Portugal. El nombre significa “Villa mora”, recordando la herencia musulmana que cada mañana puedo ver en el estilo arquitectónico local. Recuerdo que los moros conquistaron buena parte del mundo en su tiempo, pero sin aplastar a las culturas conquistadas: lograron un imperio basado en la tolerancia (hasta un nivel, claro).

Pero la sede donde se discute el estado del arte en el conocimiento de los virus que causan los distintos tipos de gripe (estacional, aviar, pandémica) es un hotel occidental, donde se habla portugués pero la lingua franca es el inglés.

Entre quienes asisten a las conferencias veo distintas fisonomías; la lista de oradores incluye sobre todo a europeos y estadunidenses.

Pero las diferencias están ahí debajo. Lo notan dos colegas periodistas, una de Panamá y la otra de India, ambas bajitas y morenas, a quienes los altos miran con una suficiencia que va más allá de la estatura. Los que atienden el restaurante casi bufan cuando ellas piden algo; claro, no son rubias escandinavas ante las cuales se desviven en zalemas casi orientales.

Los taxis parecen de lujo: son Mercedes que funcionan con diésel que nos recuerdan que estamos en Europa. Y un conductor locuaz traza de un plumazo el retrato de Portugal: un país pobre en un continente rico. La conferencia es paneuropea por definición, de modo que la temática está centrada en los países de la comunidad, algo peculiar si se considera que en el trasfondo acecha la amenaza pandémica, global.

Y cuando Mohaya pregunta cómo ven el caso de la India, donde la posibilidad de vacunar a 700 millones para poder tener éxito en caso de pandemia se ve remota, los mismos expertos bajan la voz. La India es otro mundo, dicen.

Así somos: al mismo tiempo iguales y distintos; hermanos y rivales; pobres y ricos. Todos ante la incertidumbre de qué hará un virus implacable cuya identidad todavía se desconoce.

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