Matemáticas y superstición

Un venado huye despavorido en cuanto escucha el crujir de una rama. Un paciente se echa al coleto un puñado de chochos (píldoras con azúcar y poco más) para recuperar la salud. Aunque diferentes, estos dos eventos comparten el fondo: ambos son producto de un proceso evolutivo cuya premisa es “vale más que digan aquí corrió que aquí quedó”.

La sugerencia no nace del aire: la formula un estudio matemático realizado por Kevin Foster, de la Universidad de Harvard, y Hanna Kokko, de la Universidad de Helsinki.

El estudio dice que la experiencia enseña que vale más pecar de cauto que de atrevido: sacarle la vuelta a un gato negro, evitar pasar bajo las escaleras o eludir las grietas en la banqueta deberían ser vistos no como ejemplos de conducta irracional sino como ejemplos de supersticiones motivadas evolutivamente.

Imaginemos a un ancestro humano recorriendo la sabana. A medias erguido, lleno de miedo, avanza despacio en busca de alimento, ya que está muy desnutrido. De pronto escucha el ruido de un roce entre las ramas. En dos segundos rompe una marca mundial, porque asocia ruido con peligro.

En realidad, el ruido pudo haberlo causado el simple viento, pero la sola posibilidad de que lo causara una fiera o el miembro de un clan rival basta para que el protohombre tome las de Villadiego. Mejor lejos y con hambre que cerca y RIP.

El asunto se vuelve pues una especie de cálculo de probabilidades, y responder a una posible amenaza del modo más seguro posible parecería ser la mejor respuesta posible.

“En un mundo incierto, la selección natural puede fácilmente favorecer que se hagan todo tipo de asociaciones, incluyendo muchas incorrectas, con tal de garantizar que se hagan las asociaciones en verdad importantes”, apuntó Foster.

Por ejemplo, dijo, está el uso de fármacos que no se ha demostrado funcionen, como los de la medicina alternativa.

“Está claro que muchas medicinas en estos contextos no funcionan, pero algunas sí lo hacen” y en tal caso hay una ventaja evolutiva en adoptar la estrategia de creer que sí funcionan: así se tendrá el beneficio de la contada ocasión en que funcionen y no se pagará mucho por usar las que no funcionan.

Lo más interesante del asunto es que los autores no especularon: construyeron un modelo matemático y demostraron que la estrategia supersticiosa sí funciona... a veces, y con eso basta.

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