Juan Alberto VázquezEl GángsterFundador de MILENIO Semanal, desde entonces se desempeña como reportero de la sección de Mil Cosas Más, QRR y El Ángel Exterminador en el diario y también en el programa Política Zero de Milenio Televisión. Es socio del restaurante Black Horse de la colonia Condesa del Distrito Federal, sitio en el cual se desempeña como dj jueves y/o sábados bajo el seudónimo de Papagato, personaje que prefiere los géneros soul, funk, indie, latin y acid jazz.
Llamadas de Madrugada
Llamadas inesperadas
Me encuentro volando sobre pasajes oníricos donde ríos cristalinos coquetean con la vegetación. Diviso un poker de ninfas desnudas que se bañan en aguas tibias y me invitan a detenerme. Caigo de bruces sobre el agua con una erección monumental, y en el momento que siento los tibios cuerpos de las Lolitas a mi lado, el timbre del teléfono me devuelve a la realidad
Juan Alberto Vázquez
Las llamadas matutinas son desagradables por necesidad e inútiles en su concepción. Quien pensando que se trata de una emergencia y responde, debe realizar un esfuerzo mayor para encender en automático su conciencia y ponerse a charlar de cosas concretas con promotores de crédito, cobradores y otras lacras sociales. Y es que al despertar, la parte objetiva del cerebro funciona a la mitad de su capacidad, si bien nos va. ¿Acaso quienes maquinan éstas prácticas de expansión y cooptación comercial lo saben y piensan agarrar a sus consumidores aun dormidos?
Siempre fui un usuario telefónico matutino amable y condescendiente, púes normalmente quien te llama a esa hora es alguien cercano a tu corazón, o algún miembro de tu familia. Fingía sin embargo tener una voz como de Shrek crudo, para insinuarles que no estaba en mis planes prolongar el chat.
El único telefonazo matutino que agradecí fue cuando mi madre me despertó al grito de: “¡hijo prende la tv que se están cayendo unos edificios grandotes en Nueva York”! Hace exáctamente siete años. Y lo recuerdo como el mejor espectáculo gratuito de nunca jamás. Si no me atasque una bolsa de palomitas fue porque no tengo horno de microhondas, pero el único habitante de mi refri, un yogurt para beber, me supo a Jack Daniels en bar de Manhattan.
Pero resulta que una nueva oleada de promociones y desencuentros acaban de terminar con mi amabilidad. POr lo tanto ya no me da la gana levantar el auricular. Ahora dejo que la contestadora haga el trabajo sucio (que para eso la compré) y aunque ya me despertó el timbre del teléfono, aguardo en ese estado donde se mezclan el sueño y la conciencia. Si en lugar de una voz conocida, se escucha un agudo “tuu- tuu- tuu” —señal de que colgaron—, se que quien me buscaba era un miembro de esa odiada tribu moderna conocida como vendedor telefónico matutino.
Seas o no “sujeto de crédito” los tipos te buscan con desesperación. Hace tiempo era para declararte “el feliz ganador de un viaje en crucero” y daban una dirección para regalarte un desayuno junto a tu “premio” en presencia de un interventor de gobernación. Y tú, que hace unos segundos eras el protagonista de un sueño húmedo, les mientas la madre por romper el encanto.
También hablan a las ocho de la madrugada, representantes de entidades con las que me une un vínculo crediticio y que no se amedrentan ante la answer machine a la que dictan la lista de adeudos a sabiendas de que escucharé sus amenazas. Son rudos y no toleran un día de retraso. Cuando por equivocación respondes, te sacan la promesa de que les des una fecha de pago, seguida de otra amenaza de no trepar tus datos al buró de crédito, para que ni la señora de las quesadillas te vuelva a fiar.
Hace un par de años, me propuse obtener una segunda tarjeta de crédito pues realizaría un viaje en el cual pensaba darme vida de pachá. Desde inicios de año tramité tarjetas, primero con Bancomer donde me rechazaron (aunque ahora me envían publicidad para intentar reestablecer el frustrado encuentro). Luego intenté en Santander (emocionado con su Black que regala boletos de avión) y también me dijeron que los disculpara pero que por el momento no les era posible agregarme a su selecta lista de clientes satisfechos.
Luego acudí a HSBC con los mismos resultados y al final me senté frente a un ejecutivo de Banamex. Está última institución, tan odiada por el Peje, se compadeció de este humilde sujeto (de crédito) y horas antes de abordar el avión, me enviaron el plástico.
La pesadilla vino después.
Las instituciones que mencioné no me dieron crédito pero me agregaron a su base de datos, con las referencias que yo, estúpidamente, les proporcioné. Suponiendo, iluso, que eso no les daba derecho a llamarte cada tercer día lanzando ofertones:
“Señor Vázquez, ¡muuuuy buenos días! Qué cree, que le voy a regalar una tarjeta de crédito”.
—Señor Juan, en el banco, preocupados por su bien suyo y el de su familia, decidimos darle nuestra tarjeta golden con crédito ilimitado.
—“Oiga pero si ustedes me rechazaron…
— ¿En serio?, ¿Cuándo?
— Señor Juan Alberto, cuándo quiere que le llevemos su solicitud nomás pa´ que la firme a su casa, oficina o taller.
Un largo silencio.
— ¿Bueno… bueno… señor Vázquez?
— ¿Tienes idea de qué horas son? ¡Las 8 de la madrugada..!
Pero al perfumado vendedor no le interesa mi pregunta y arremete.
Hubo veces que me propuse divertirme e incluso con las mujeres promotoras solía coquetear falsamente.
— Señor Vázquez, debido a su excelente historial hemos decidido darle otra tarjeta y aumentarle el crédito a la que ya tiene.
— Qué bonita voz tienes, preciosa, ¿por qué mejor no me vienes a dar un masaje? O si lo prefieres podemos ir a beber algo cuando salgas de trabajar.
— ¿Ehh? (sonrisas nerviosas) je-je-ji-ji.
Lo que en un tiempo me llevó a ser amable con los promotores de embarques crediticios, era la compasión que me provocan, pues entiendo que eso de estar a las siete de la mañana vestido de corbatita, o traje sastre en el caso de ellas, con un mugroso café negro en el estómago, despertando por teléfono a ciudadanos honorables, debe ser harto karmático; la última posibilidad que tuvieron de integrarse a la fuerza laboral y su manera de aportar al sistema que nos rige. Pero a la larga, en la lucha interna de sentimientos que embarga a cada consumidor, la furia venció a la nobleza que, en mi caso, tenía para dar a mis semejantes promotores.
A todo esto, el mejor ejemplo de cómo quitarnos a un vendedor de encima nos lo dio Seinfield en un capítulo del cual no recuerdo muy bien la trama. Al recibir la llamada de uno de estos personajes, le hizo una petición: “¿Por qué no me da el teléfono de su casa y le llamo después para darle una respuesta?”. La desconcertada empleada sólo atinó a decirle: “Disculpe pero no podemos hacer eso, no podemos darle información privada a los clientes”. El cómico respondió: “¡Pues ahora sabe cómo me siento en este momento!”, para colgar satisfecho.
Trinidad Noseque trabaja para American Express y una de esas mañanas llamó para venderme un seguro de invalidez. Es un chico sorprendente. Primero, marcó ya por ahí del mediodía cuando me hallaba en mi balcón con un café y leyendo los diarios. Me agarró de buenas pero le dije cerca de 15 veces que no me interesaba. A cada negativa el joven arremetía.
— No señor Vázquez, es que usted no me ha entendido…
— Si te entiendo Trini, pero no.
— …no pagará nada en el siguiente estado de cuenta, y después sólo se le descontarán 200 pesos al mes durante un año…
— gracias mi T, ¿sabes lo que es no?
— …piense en su familia.
— Oye, déjalos en paz.
— ¿Que tal si se accidenta?
— Bueno... ando en moto pero no creo que me pase nada.
— Se va a acordar de mí, además 200 pesos se los gasta en dos cubas.
— ¿Cómo sabes que me gustan las cubas?
— Es un mal necesario… nuestra aseguradora es de fama mundial… sólo tiene qué decir que si, y su seguridad estará a salvo...
— Pues no, definitivamente no…
Pero, qué se hace con estos muchachos cuya terquedad es merecedora de una medalla de oro. Hace poco recibí mi póliza de seguro, ni hablar. Ahora lo imagino trepado en el podio, recibiendo su medallota de manos del presidente de Amex.
Y después, con el Trini conmovido y orgullos darramando una furtiva lágrima, todos nos preparamos para escuchar el himno naconal de los vendedores de crédito: “¡Ódiame por piedad, yo te lo pido / ódiame sin medida ni clemenciaa..!”.




Y porque no cambiar de
Y porque no cambiar de numero telefonico
Hola: Pues yo trabajo en
Hola:
Pues yo trabajo en eso de la cobranza por teléfono, así que si tienrs deudas un día se me hará oír tu voz, je je... ...por cierto me han tocado varios deudores cuyo empleo registrado es en Milenio Diario, así que, por fas, ya diles que paguen... ...Saluditos...
Raul: Andaba de parranda.
Raul:
Andaba de parranda. Pero ya estoy de vuelta, contándoles historias.
René:
¿Cuándo son las fiesta de Yacapixtla? Ahí avisa.
Ojalá que no sean la semana del 8 al 12 de octubre pues estaré en Guadalajara.
Un abrazo.
Salud entonces, que haya
Salud entonces, que haya valido la pena. Nomás por moler una pregunta, microhondas es sinónimo de microresorteras?
Ya en buen plan, algunas veces me cae muy bien tus escritos, sólo por salir de la cotidianeidad.
Saludos.
ahi te va el baile grande es
ahi te va el baile grande es el 30 de octubre va a estar joan sebastian y tucanes de cualquier manera yo te confirmo y otra cosa ya me operaron todo salio bien y espero el mero dia 30 si vienes nos echemos unos alcholes ... saludos
donde andabas?te marque por
donde andabas?te marque por la mañana y no te encontre...saludos a ver si vienes a las fiestas de octubre ..
Se te extrañaba, ya no te
Se te extrañaba, ya no te tardes tanto en escribir. ¿¿No has pensado en registrar tu línea en la condusef??, Saludos
Registrar en Condusef?
Registrar en Condusef? Bueno, yo registré mi numero en la Condusef (fue un buen desm.. para hacerlo por que el sistema estaba lentisismo), pero aun asi, despues de 3 meses me han seguido llamando, ya, una de cuando en cuando, pero aun asi lo hacen.
Lo mas cag... frustrante es cuando llaman los SABADOS para ofrecer plasticos, y efectivamente, les da igual a quien sea. Yo estoy en buró de Crédito (Gracias Banamex!) por un cargo que hiceron a la tarjeta de mi ex esposa, pero esa es otra historia, y me han llamado de cuanto banco se les ocurra.
Lo unico bueno de registrar el numero en la Condusef es que ahora si puedo amenazarlos con denunciarlos (no se si sirva) y pedir todos los datos de quien llama para reirme un rato, o al menos desetresarme.
Hace poco, será un mes o dos, me llamaron en sabado a las 9 de la mañana, y decía "Numero Privado"... como acababa de hacer coraje, decidi contestar nada mas para tener con quien desquitarme... y efectivamente, les hice un drama de no ver... de entrada, ¿Que es eso de numero Privado?, despues, exigi que me dieran el telefono de donde me llamaban, y con mi celular en la otra mano y el tipo en el telefono fijo, marque y ¿Que creen? que el dichoso numero no exisitia, asi que lo puse como lazo de cochino, le dije estafador, criminal y demas..pobre tipo, llego al grado de que de plano colgó despues de pedir disculpas... al menos me quede sonriendo y ya mas relajado...hehehehehe