Estados Unidos/Tras la Cortina de Hierro

El espía que vino de Rusia

Yuri Nosenko, un ex agente soviético que estuvo en el centro de algunos de los episodios de espionaje más dramáticos de la guerra fría, murió el pasado 23 de agosto, bajo un nombre supuesto, en alguna parte del sur de Estados Unidos.

En una declaración emitida este miércoles y con información por demás escasa, un importante funcionario de la inteligencia estadunidense informó de la muerte de Yuri Nosenko, de 81 años. Dada la vida anterior de Nosenko como espía del KGB y su posterior existencia en las sombras, el funcionario dijo que no podía ofrecer detalles sobre la causa de muerte del agente o, en su caso, de quienes lo sobrevivían. El funcionario sólo quiso hablar bajo la condición de mantener el anonimato.

El mes pasado, varios funcionarios de alto nivel de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) visitaron a Nosenko para entregarle una bandera de Estados Unidos y una carta de Michael V. Hayden, director de la CIA, dándole las gracias por su servicio y, por implicación, ofreciéndole una disculpa final por la manera en la que fue tratado después de su deserción en favor de Estados Unidos, en el invierno de 1964.

La deserción de Nosenko pareció haber sido motivada, en parte, por su agrado a la cultura occidental. También dijo que necesitaba dinero para pagar al KGB lo que había perdido en Ginebra después de pasar una noche con una prostituta y una botella de vodka, en 1962. Así que comenzó a espiar en Moscú para la CIA, y eventualmente decidió que su futuro estaba en Estados Unidos.

Les entregó a sus jefes estadunidenses información vital sobre agentes soviéticos que habían penetrado embajadas de la Unión Americana y europeas, y sobre los micrófonos que los rusos habían plantado en la Embajada de Estados Unidos en Moscú. Lo más importante, dijo que había visto un archivo soviético sobre Lee Harvey Oswald, quien vivió en la Unión Soviética a fines de los cincuentas y principios de los sesentas, antes de viajar a la Ciudad de México y luego a Dallas, donde fue asesinado el presidente Kennedy el 22 de noviembre de 1963.

En la época de la deserción de Nosenko, la Comisión Warren estaba intentando determinar si Oswald, el presunto asesino, había actuado solo. Nosenko aseguró a sus interrogadores estadunidenses que Oswald nunca había sido un agente de la KGB, que lo había considerado inestable y no apto para el trabajo de espionaje. (Nosenko no fue mencionado en el reporte de la Comisión.)

Pero en lugar de sentir alivio al escuchar que los soviéticos no habían estado involucrados en el asesinato, James Jesus Angleton, el jefe de contrainteligencia legendariamente desconfiado de la CIA, y otros en el negocio del espionaje, pensaron que la aparente deserción de Nosenko era un truco. Después de todo, la agencia había sufrido una serie de problemas, incluyendo el desenmascaramiento y ejecución de dos funcionarios de la inteligencia rusa que habían estado espiando para la CIA dentro de la Unión Soviética.

“En la primavera de 1964, después de años de fracasos aplastantes, Angleton buscó la redención”, recordó Tim Weiner, reportero del New York Times, en su libro de 2007 Legacy of Ashes: The History of the CIA (Anchor Books). Angleton “creía que si la CIA podía quebrar a Nosenko saldría a la luz el complot maestro y se resolvería el asesinato de Kennedy”.

De hecho, Nosenko dijo e hizo cosas para despertar las sospechas sobre sí mismo. ¿Había sido un teniente coronel en el KGB, como afirmó inicialmente, o sólo un capitán, como dijo el funcionario de inteligencia el 27 de agosto? ¿Había tenido tan pocos sentimientos como para dejar atrás a una esposa y dos hijas pequeñas, asumiendo que su familia realmente existía?

¿Y realmente lo había desilusionado el sistema soviético, que lo había tratado bastante bien? Su padre, Iván, fue un ingeniero naval que se convirtió en ministro de construcción naval bajo Nikita Kruschev, y el joven Yuri Ivanovich Nosenko tuvo tutores particulares antes de graduarse en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales en Moscú, para entrar luego al KGB.

En 1964, la CIA puso a Nosenko en confinamiento solitario en Camp Peary, su campo de entrenamiento cerca de Williamsburg, Virginia, donde fue sometido “al tratamiento que recibían sus compatriotas rusos en el gulag”, como escribió Weiner.

“Había comidas frugales de té aguado y gachas, un solo foco desnudo encendido las 24 horas del día, ninguna compañía humana” escribió.

De acuerdo a Weiner, en una declaración desclasificada en 2001, Nosenko dijo: “No tenía contacto con nadie con quien hablar. No podía leer. No podía fumar. Ni siquiera tenía aire fresco”.

Después de numerosas pruebas con un detector de mentiras y de muchas sesiones de interrogación, la CIA determinó que Nosenko estaba diciendo la verdad. Fue puesto en libertad en 1967, se le dieron 80 mil dólares y un nombre nuevo, y fue enviado a pasar el resto de su vida en algún lugar del sur, con viajes ocasionales a Langley, Virginia, para dar conferencias a profesionales de la inteligencia estadunidense en las oficinas de la CIA.

Oleg D. Kalugin, un ex alto funcionario del KGB que ahora es ciudadano estadunidense y consultor de contrainteligencia y seguridad, dijo el pasado miércoles que las sospechas de Angleton y otros sobre la sinceridad de Nosenko habían demostrado una “completa ignorancia” sobre el KGB y “los valores soviéticos”.

Para los líderes de Moscú “hubiera sido impensable” que un oficial del KGB se convirtiese en un “espía” en Occidente, dijo Kalugin, porque la traición aparente habría sido una desilusión para el pueblo de Rusia, y cualquier información que hubiera logrado obtener no habría valido la pena.

Pero todos estos años ha habido quienes lo han dudado. Entre ellos destaca Tennent H. Bagley, quien fue uno de los principales encargados de Nosenko como jefe de contrainteligencia de la división soviética de la CIA. “Este provocador e impostor del KGB” lo llama en su libro Spy Wars, publicado en 2007 por Yale University Press.

Claire George, un ex vicedirector de operaciones de la CIA, le dijo a The Washington Post que reportó la muerte de Nosenko el 27 de agosto, que la manera en la que lo habían tratado “fue una terrible equivocación”. Pero añadió “no se puede estar en el negocio del espionaje sin cometer algunos errores”.

© New York Times
Traducción: Franco Cubello .

David Stout. Washington