Reconocer la diferencia

A los neandertales les ha ido mal en sus relaciones públicas con nosotros. Y esto no es nuevo. La mala fama empezó con el mismísimo paleontólogo francés Marcellin Boule, quien reconstruyó un esqueleto inclinado hacia adelante, simiesco, brutal... sin darse cuenta de que perteneció a un sujeto de 40 a 50 años que padecía cifosis, el equivalente a una severa artritis en mandíbula, piernas y espina dorsal.

El caso es que la imagen de Homo sapiens neanderthaliensis como un primo cercano de rasgos animalescos duró décadas, y sólo en fechas relativamente recientes ha ido quedando en claro que estos homínidos no eran muy distintos de nosotros.

En la aclaración más reciente, el británico Metin Eren, de Exeter, reconstruyó herramientas líticas de estos amigos y las comparó con las fabricadas por ejemplares tempranos de Homo sapiens.

Eren y su equipo de arqueólogos crearon mil 300 lascas y láminas de piedra modeladas a partir de las que se han localizado. Las lascas de los neandertales eran más burdas y anchas; las de los humanos, más esbeltas y filosas.

¿Eran mejores las herramientas de los humanos tempranos? Eren supone que tenían la ventaja de que era más fácil amarrarlas a un mango, pero lo cierto es que eran más endebles: significaban más desperdicio de materia prima y duraban menos. ¿Obsolescencia planeada desde la prehistoria?

“Cuando pensamos en los neandertales, tenemos que dejar de pensar en términos de ‘estúpido’ o ‘menos avanzado’ y más en términos de ‘diferente’”, dijo Eren.

Cierto: los humanos aguantaron vara y los neandertales desaparecieron. Pero no porque fueran tontos. Ya eran muy pocos individuos para competir por los recursos contra el Homo sapiens, que si algo ha demostrado históricamente es una elevada eficiencia como consumidor.

Estas taras de pensamiento son comunes a todos los tiempos y culturas. El Llanero Solitario era blanco y a su camarada indio (en español, Toro; en inglés: Tonto) lo representaban como lento. Cuando imaginamos a los pueblos antiguos, mexicas, mayas o toltecas, tendemos a verlos como primitivos. Fueron en realidad muy sofisticados y de rica vida intelectual.

Cuando internalicemos en serio el concepto de lo diferente, veremos con ojos distintos al otro, sea un neandertal, un homosexual, una mujer o un hombre.

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