Horacio SalazarEl País de las Maravillas
Mucho maíz, poco oxígeno
Todo acto tiene consecuencias, y muchas veces no podemos pronosticar cuáles serán éstas a partir de las premisas. Pero a veces sí. Veremos ahora el torvo caso del maíz asesino.
A favor del inculpado habría que decir que lo suyo fue un acto involuntario, pero los resultados son igual de terribles. Va el cuento.
Cada año se forma en el Golfo de México la llamada “zona muerta”, una amplia extensión de mar repleta de algas pero con tan bajas concentraciones de oxígeno que en ella no pueden vivir los peces ni muchas otras especies marinas.
¿Cómo nacen las zonas muertas? Los expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos explicaron que éstas se forman cuando el nitrógeno y el fósforo de las áreas agrícolas, los fertilizantes de jardín y otras fuentes se abren camino hasta un río. Estas sustancias estimulan el crecimiento de algas que se instalan en el fondo del mar y eventualmente mueren. Las bacterias que las descomponen engullen el oxígeno del agua a un ritmo muy superior al de reabasto desde la superficie.
En el caso del Golfo de México, el río por el que llegan al mar los nutrientes es nada menos que el Mississippi, y la causa primaria es el aumento en la producción de maíz para producir combustibles a base de etanol. Por citar una cifra, entre abril y junio de este año se estima que se depositaron en el Golfo de México 83 mil toneladas de fósforo, algo así como 85 por ciento más que los niveles históricos promedio.
En 2007, Estados Unidos plantó más de 380 mil kilómetros cuadrados de maíz, la superficie más extensa desde 1944. Y según los pronósticos de los científicos, esto se traducirá en la formación de una zona muerta de casi 23 mil kilómetros cuadrados, una superficie mayor que todo el Estado de México. Esto rebasa con mucho el promedio anual de los últimos 18 años, que es de poco más de 12 mil 400 kilómetros cuadrados.
Para el caso es lo mismo: en una gran superficie del mar, la vida marina no puede prosperar. Los pescadores que salen en busca de cangrejos, langostas, camarones y otras delicias tienen que aventurarse más hacia mar abierto para encontrar vida. Esto es la ley de consecuencias inesperadas llevada al plano cotidiano, y nos recuerda que, como escribiera André Maurois, siempre ocurre lo inesperado.




Habrá que llamar al PÁJARO
Habrá que llamar al PÁJARO QUEMA MAÍZ.
EN CAJONES LO PONDREMOS.
te reponderia de igual
te reponderia de igual manera con lo del pajaro y pondria muchas otras indejadas como dice caton pero como dijo tambien juanga no vales la pena