San Juan Tlacotenco, las visitaciones

La primera vez que puse un pie en el pueblito ubicado arriba de los cerros de Tepoztlán —a donde llegué un domingo por la mañana, seguramente directo a una tiendita para tomarme un refresco—, tendría no más de 13 años e iba con el resto de la patrulla Halcones.

La tarde anterior, Adrián, quien por entonces ejercía la doble función de hermano mayor y jefe de tropa, citó a todos los integrantes bajo su responsabilidad en la zona de asta banderas de Meztitla, para entregarle al Beto Borregales y los otros dos guías de patrulla los mapas topográficos e indicaciones necesarias para realizar un campamento volante, el cual implicaba adentrarnos por la cañada que iniciaba a las afueras del campo escuela en dirección norte, pernoctar a medio cerro entre las piedras de la vereda que agarramos, hasta llegar por la mañana a San Juan Tlacotenco y regresar al punto de partida.

Para todos los integrantes de tropa, aquella sencilla ruta nos representó una experiencia iniciática, sobre todo porque los Halcones nos dimos una soberana perdida al regreso por hacerle caso al tarado del Cataluño, avezado integrante de la patrulla que aseguró conocer un atajo que desembocó al borde del precipicio con la más espectacular vista del valle de Cuernavaca presenciada en mi vida.

Tres años después regresé a otra tiendita del pueblo —o tal era la misma, la memoria difumina los detalles—, para culminar la caminata, ahora de norte a sur, iniciada la mañana anterior en Milpa Alta, ruta seleccionada para el viaje requerido para obtener la antigua insignia Apolo, acompañado por mi cuate el Mugis, quien para entonces fungía como mi subguía de patrulla.

Volví a visitar el pueblo como clanero, ahora caminando desde el Ajusco por la vía del tren que pasaba por San Juan Tlacotenco en dirección a Cuernavaca, cuya estación conocida como El Parque inaugurara Porfirio Díaz en 1897 y que por varias décadas sirvió de puerta como puerta de acceso al mundo exterior para los habitantes de la región; el recorrido lo realicé de nuevo con el Mugis y Charlie Ramírez, hoy convertido en sociólogo y catedrático universitario, dejándome los meniscos de las rodillas hechos pomada por caminar todo el tiempo sobre los durmientes de la vía ferroviaria.

Aquí mismo arribaría, un siglo atrás, Manuel Miranda Marrón (1861-1916) con un grupo de colegas del antiguo Museo Nacional —encabezado por Francisco M. Rodríguez, responsable de los primeros trabajos de exploración de la pirámide del Tepozteco, realizados a finales del siglo XIX, y entre los que se encontraba el célebre paisajista José María Velasco— para realizar una excursión de carácter científico, cuyos pormenores registró en una crónica de la que reproducimos un fragmento:

Acomodados en el tren que conduce de esta capital a Cuernavaca, los señores Urbina y Rojano dispusieron el termómetro y el barómetro aneroide, para ir anotando respectivamente las temperaturas y alturas de los diversos puntos que debíamos recorrer. La primera altura de que yo tomé nota, fue la de la estación de “Ajusco”, que está a 2,800 m. sobre el nivel del mar; la “Cima” se halla a 2, 975 metros, siendo el punto culminante de la curva, que desde allí empieza a descender, como iremos mirando en adelante. He adoptado esta altura para la “Cima”, porque en el viaje de ida, marcó el barómetro 2,950 m. y al regreso 3,000 m., tal vez a causa de la menor temperatura y del estado higrométrico de la atmósfera; por lo cual tomé el promedio anunciado; de suerte que la “Cima” se halla situada 775 m. más alta que esta capital. Continuamos el viaje en grata conversación, hasta la estación de “El Parque” (2,350 m.), en donde abandonamos el tren para tomar las caballerías que allí nos esperaban. Caballeros en ellas, nos internamos en un hermoso monte, en que brotan principalmente encinas, madroños y ocotillos, notándose una tala inmoderada, así como en los otros montes que después recorrimos, sin que se substituyan los árboles cortados por nuevos, lo cual irá influyendo en el empeoramiento de las condiciones meteorológicas y de salubridad de esa región. ¡Ojalá que las autoridades a quienes corresponda, atendiesen a un asunto de tan trascendental importancia!

Después de haber caminado unos tres cuartos de hora, descubrimos hacia nuestra izquierda, las gigantescas rocas porfídicas del “Tlacatepetl”, Cerro del Hombre, y al salir ya del monte, nos llamó la atención una roca de forma particular, que semejaba una inmensa torre de acorazado, viniéndonos a la imaginación la derrota que acababa de sufrir la escuadra de Rojetsvensky, en el Estrecho de Corea. La mayor parte de los de la comisión y algunos de los guías, ascendimos hasta la base de la roca, con el objeto de que el Dr. León tomase una vista fotográfica, como en efecto, lo verificó.

Seguimos la ruta hacia Tepoztlán, teniendo ya a nuestra vista las torres de sus iglesias y su pintoresco caserío, circuido por todas partes de abundante vegetación. (Una excursión a Tepoztlán. El Teocalli de Ometochtli, Memorias de la Sociedad Científica “Antonio Alzate”, México, 1905.)

Hace poco volví a visitar San Juan Tlacotenco, al que ahora llegué manejando por la carretera que inicia al lado de la caseta de peaje ubicada a la entrada de Tepoztlán. No sólo el tren dejó de pasar hace años sino que, incluso, levantaron los rieles y durmientes para dejar un sendero ecológico-ciclista —al menos así lo anuncia un letrero colocado delante de una fantasmagórica señalización que, todavía, previene del cruce con la inexistente vía. Permanecen en pie algunas construcciones de madera de la antigua estación; una de las fachadas conserva el vestigio del porfirista símbolo del progreso, un letrero de fondo blanco que anuncia la llegada a EL PARQUE, señalando distancias que nadie volverá a recorrer: 91.7 km a México y 172.6 km a Balsas. La blanquecina grava todavía recubre el trazo original de la vía, que serpentea por la montaña en medio del exuberante de verdor activado por la temporada de lluvias, perdiéndose cuesta abajo en dirección a Cuernavaca.

Llamadas de silbato
Su fotografía apareció el pasado miércoles 9 de julio en todas las portadas de los periódicos, ilustrando las demoledoras declaraciones emitidas en torno a los sucesos ocurridos en el criminal operativo policiaco realizado en el antro News Divine, con su saldo de 12 personas muertas. “El objetivo real del operativo era la realización de una redada (…) Lo que se pretendía era ingresar intempestivamente al Divine, sin una orden judicial”, “A pesar de la condición de víctimas de las personas menores de edad, las autoridades de la PGJDF no tomaron las medidas adecuadas para garantizar sus derechos”, “Estos hechos son un ejemplo de cómo desde la política de seguridad se criminaliza a los jóvenes, en particular a los pobres. Es indispensable aprender de esta traumática experiencia”, fueron algunas de las frases destacas por el periódico Excelsior, emitidas por Emilio Álvarez Icaza, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, ex integrante del grupo 79 de la provincia Benito Juárez y orgullo del escultismo nacional.

Arturo Reyes F. Que padre

Arturo Reyes F.

Que padre leerte. Bueno en estos momentos te leo doble. Ya que un buen amigo tuyo me presto su libro de Sombrero de Cautro Pedradas, y la verdad lo estoy disfrutando muchisimo. Y como se que lo tendre que devolver, cuando lo acabe de leer, me gustaria poseer uno. Tambien a mi avisame porfavor cuando salga. Es mas, tambien pienso hacer acto de presencia para el Nac. de Arte en Mty. Si acaso lo pudieras tener para ese entonces estaria genial.

Si, yo creo que a todos nos ha pasado lo de la perdida, Ciertamente que ayuda en la vida de adulto el haber tenido una vivencia de estas.

Apreton de mano izquierda para todos,
Monica

Perfectisimo,precisamente el

Perfectisimo,precisamente el sabado me despache de corrido al jefe de tropa, y a 2 claneros en el desarme de bordon despues de actividades, aun no estoy tan empolvado jejeje, les estaba contando acerca de los relatos de S4P y CdUNC, esperaremos con ansias. Pensaron que el buen Akela-Perceval habia perdido el toque jajajaja.

Por cierto, para desquitar mis animos perdedores (de perderme en un buen viaje) he intentado perder a un personaje del cual llevo varios relatos, ojala puedan darse una vuelta con el buen Aurelio en http://cronicasdeaurelio.blogspot.com.

Un saludo!!

Oye mi estimado y nunca bien

Oye mi estimado y nunca bien ponderado ARF

Por que no vas sacando un libro acerca de este espacio y nuestras multiples personalidades jejejeje algo asi como "los ñoños tambien bloggean".

Por que han estado los demas tan callados las ultimas semanas, seran acaso las vacaciones o ya les caimos gordos( probablemente ambos). Ehhhhhhhhhhhhh ya vayanse poniendo a dieta para aguantar la ida al Rey del cabrito en Noviembre.

Saludos!!! Asi es esto de

Saludos!!!
Asi es esto de las perdidas y caminadas, de hecho por amar y sorprenderme en ese tipo de viajes con mapa y brujula en mi etapa de tropa fue que decidi estudiar Geografia.

Arturo, aun podre conseguir en algun lado "Sombrero de cuatro pedradas"?

Yo creo que si, lo

Yo creo que si, lo encuentras en la tienda scout, porque tardan no te lo vende a ti personalmente, jajajajajajajajaja.

Saludos a todos en el foro, por cierto mi buen perceval vas a ir al camp de Agosto con el COA

Caray, da gusto saber que a

Caray, da gusto saber que a alguien le sirvieron las extraviadas que llegábamos a darnos en los campamentos, volantas y excursiones, Perceval, el Geógrafo (la neta, suena chido).

Sobre Sombrero de cuatro pedradas, el libro, te comento dos cosas: la primera, que está agotado desde hace un año; la segunda, que la segunda edición está próxima a publicarse. Por supuesto que los mantengo al tanto.

Saludos

Arturo

Saludos a Todos: No cabe

Saludos a Todos:

No cabe duda que todos hemos pasado por la aventura de perdernos entre cerros, bosques y desiertos, y que siempre hay una persona que es como la rosa de los vientos y termina uno mas perdido jejeje, pero a como es divertido y posiblemente pensqando despues que has descubierto una nueva ruta, y como lo mencionas hasta una nueva vista de un desde el cual seguramente nunca mas encontraremos, ya que no lo apuntamos en el mapa.

Que buena onda