La oportunidad perdida de Felipe Calderón

Sábado, 5 Julio, 2008

Apartir del 27 de julio, en el Distrito Federal y algunos municipios y estados de la República, se llevará a cabo un ejercicio que seguramente estará lleno de defectos, pero que nadie lo dude, tendrá gran impacto mediático.

Habrá una consulta sobre la reforma energética propuesta por el presidente Felipe Calderón.

Vale la pena decirlo porque aún hay algunos —en el gobierno y fuera de él— que aún lo dudan o al menos parecen seguir peleando contra la idea. De que habrá consulta, la habrá.

También es un hecho, hasta sus organizadores lo aceptan, que no tendrá ningún valor legal, que por supuesto no es vinculante, y que más bien será poco representativa. Manuel Camacho, flamante coordinador del ejercicio, me dijo que prefiere 3 millones de buenos votos, que más, malos. El senador Francisco Labastida, presidente de la comisión donde se dictaminará la reforma, en lugar de pelearse con la propuesta, me dijo que tendrá en sus consideraciones un valor “referencial”.

Lo que sin duda tendrá la consulta es un alto valor político para quienes la organicen. Y creo que ese valor está dado, en buena parte, por la desatinada oposición del gobierno al ejercicio.

En palabras llanas: ¿en qué le estorba al gobierno una consulta que se ha convertido en poco más que una encuesta con una muestra defectuosa?

¿No tuvo frente a sí mismo una oportunidad de oro para derrotar políticamente a quien está dispuesto a joderle la vida todo el sexenio?

¿Está el gobierno tomando decisiones con base en el hígado: si lo propone AMLO no va?

Me explico: está claro hoy para todos los actores políticos que la reforma del Presidente no se discutirá sino hasta septiembre, y que no pasará como está hoy escrita. Es decir, lo que era una reforma tímida, lo será más. Labastida otra vez: “no habrá extraordinario, varias veces hemos dicho que no vemos condiciones para que nos vayamos a un extraordinario”.

Ante ese panorama, no sería mejor aprovechar al menos para intentar sacar un triunfo político.

El gobierno ha tenido tres respuestas frente a la consulta.

Primero la legaloide: no está prevista en la ley.

Pero si no es vinculante, el argumento importa poco. La ley tampoco prevé hacer encuestas, que se hacen todos los días.

La segunda respuesta es cómo confiar en una consulta organizada por el PRD después del público desastre que es el PRD haciendo cualquier cosa que tenga que ver con urnas y votos.

La respuesta ha sido sencilla: organícenla ustedes.

Y la tercera ha sido la de ¿cómo creen que ustedes saben algo como para decidir esto? Poco popular argumento. Así me lo dijo Jordy Herrera, subsecretario de Energía: “¿cómo le explicas a una persona la recuperación secundaria del yacimiento Cantarel, la tecnología que se debe adoptar específica para ir a aguas profundas, quién la tiene, cuánto cuesta, cuánto es el tiempo que nos queda para tomar decisiones? Creo que hay cosas que dada su complejidad técnica, reducirlo a un cuestionario hecho por teléfono no darían el resultado real. Estamos hablando que finalmente se deben de tomar decisiones técnicas para un problema técnico”.

Creo que hubiera existido otra manera de enfrentarlo, pero hubiera requerido del gobierno haber aceptado que perdió en un primer momento ante AMLO y sus seguidores y que se impusieron los términos del debate, en la opinión pública, que El Peje impuso. Con menos orgullo, podría haber volteado la tortilla.

El mismo Camacho Solís ha constuido la lógica: “no ha habido la capacidad para hacer un juego político diferente. Yo preguntó, ¿Si en vez de que la consulta se haga por fuera de las instituciones como una consulta ciudadana, la consulta fuera encabezada por las instituciones? Ahí estaríamos ante un procedimiento en el que al contrario, si la izquierda sale derrotada en la consulta pues ya no habría ninguna posibilidad de reclamar nada, porque es la propia izquierda la que está solicitando la consulta. Y en el caso de que la propuesta gubernamental saliera derrotada en la consulta pues no pasaría nada porque de todas maneras esa propuesta, tal como está, ya no va a pasar en el Senado”.

Al contrario, el gobierno quedará en el peor de los mundos.

Ya está, de alguna manera, haciendo campaña pública por el reforma, como si quisiera vergonzosamente ganar una consulta que desconoce, pero que por no intervenir ella la dejara ser tan sesgada como quiera la oposición. ¿Si es una decisión técnica complicada, y sólo en manos de los legisladores, para qué los anuncios de radio y tele?

Y por participar a medias, seguramente perderá la consulta y le habrá dado un arma más a un adversario al que aunque no quiera, algún día tendrá que enfrentar de frente.