Ingrid

Sábado, 5 Julio, 2008

Mucho se discute ahora si la operación que permitió la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes que estaban en manos de las FARC constituye un triunfo contundente del presidente colombiano Álvaro Uribe en demérito de quienes, como Hugo Chávez, Rafael Correa o Nicolas Sarkozy, pugnaban más por un acuerdo humanitario y una salida negociada que permitiera que los más de mil secuestrados, según cifras de la Fundación Nueva Esperanza, obtuvieran paulatinamente su libertad. Desde luego que las características del operativo, el que se haya realizado tan pulcramente, el que se convirtiera en una prueba fehaciente de la capacidad de penetración que tiene ya el gobierno colombiano en las filas de las FARC y su creciente proceso de descomposición, le abre a Uribe la posibilidad de una segunda reelección consecutiva en su país. Sobre todo, porque en esta operación jaque, la presea más emblemática, la que le permitió llenarse de gloria, fue precisamente el rescate de una de sus más importantes críticas (en la campaña presidencial de 2002) a su política de mano dura frente a este grupo. Pero más allá del manejo de las piezas en el tablero de cada uno de esos gobernantes y sus particulares intereses, lo importante, lo trascendente, lo verdaderamente rescatable, es la fuerza, la voluntad, la dignidad de una mujer que hoy por hoy constituye un símbolo no sólo en su país, sino en América Latina y el mundo.

Las imágenes son conmovedoras. Ingrid hija, abrazando a su madre, Yolanda, y añorando la presencia de su padre, que murió unos días después de su secuestro pero de cuya muerte se enteró un año después. Ingrid madre, la que una y otra vez abraza a sus dos hijos, a Melanie y Lorenzo, quienes junto con su abuela lucharon incansablemente para poder vivir esos momentos y escuchar estas palabras: “son mi orgullo, mi razón de vivir, mi luna, mis estrellas”. Ingrid compañera, abrazando a Emmanuel, el hijo nacido en cautiverio de quien fuera plagiada junto con ella y liberada apenas en enero de este año, Clara Rojas. Ingrid valiente, al reconocer públicamente que quiso quitarse la vida varias veces pero que los mensajes de su madre lo impidieron. Ingrid feliz, porque la alegría y la paz reflejadas en su rostro dejaron atrás la imagen de una mujer desolada, cabizbaja y demacrada que escribiera en una carta dirigida a su madre: “este es un momento muy duro para mí. Piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel… La vida aquí no es vida, es un desperdicio lúgubre de tiempo… Aquí nada es propio, nada dura, la incertidumbre y la precariedad son la única constante. Aquí vivimos muertos”. Ingrid agradecida, pues es capaz de olvidar diferencias y reconocer los esfuerzos de Uribe y señalar que no es el momento del rencor y el resentimiento, sino de la paz y la reconciliación. Ingrid política, pues no perdió ni un momento para llamar a las FARC a buscar espacios de diálogo, al tiempo que les exigió que liberen a todos sus rehenes. Ingrid fuerte, porque si bien no fue ni ha sido fácil para ninguno de los que vivieron (y viven) este flagelo, mucho menos para ella y las mujeres que compartieron esta condición: “como soy la única mujer del grupo me toca bañarme prácticamente vestida… La presencia de una mujer en medio de tantos prisioneros que llevan ocho o diez años cautivos es un problema…”.

Ingrid Betancourt es, pues, un símbolo de tenacidad, de fuerza, de valentía, de capacidad de sobrevivencia. Ingrid está de regreso. Es un hecho que estará al frente de la lucha por la liberación de quienes aún son prisioneros, así como por la paz y la reconciliación en Colombia. Indudablemente ella estará ahí. Pero también es posible que lo haga como candidata presidencial, lo que modificaría de raíz el panorama político colombiano, pues en encuestas divulgadas en el mes de marzo esta extraordinaria mujer aparecía con 71% de apoyo, frente a 84% del actual mandatario. Algunos dirán que es demasiado pronto para pensar en ello. Habría que responderles que nada se pierde con soñar. Al contrario se gana. La prueba es este sueño hecho realidad: Ingrid está libre.

Ser… o neceser

Emilio Álvarez Icaza es la esperanza de que haya justicia en el caso New’s Divine. Es momento de demostrar que la CDHDF tiene realmente autonomía.

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