La tragedia detrás de la tragedia

Sábado, 5 Julio, 2008

Durante las elecciones de 2006 alguien propuso (la verdad no recuerdo quién) ver la televisión sin sonido para que, quitando las declaraciones de los políticos y las netas de los comentaristas, dejáramos hablar a los hechos. Desde entonces he hecho ese ejercicio en más de una ocasión y créame que funciona. Quitando toda la carga ideológica que representan los políticos y los medios, ¿cuál es la diferencia entre el tlajomulcazo (aquel operativo que realizó el entonces gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, contra una fiesta rave porque le platicaron que ahí “se consumían muchas drogas”, y al grito de “no permitiremos francachelas en este estado” se lanzó con todo a detener jóvenes) y el operativo New’s Divine de Marcelo Ebrard? Desgraciadamente sólo una: los muertos. En el tlajomulcazo, una fiesta rave al aire libre, aunque las imágenes de los adolescentes postrados y encañonados son terribles, no hubo un solo herido, aunque sí, al igual que en New’s Divine, muchas detenciones arbitrarias, vejaciones y maltrato.

Cabe entonces preguntar: ¿cuál es la diferencia entre la política hacia los jóvenes de la derecha y de la izquierda? ¿Cuál es la diferencia entre quien encarna uno de los prototipos de la derecha autoritaria, Ramírez Acuña, y quien se ostenta como el representante de la izquierda tolerante y respetuosa de los derechos humanos, el carnal Marcelo? En los hechos ninguna. Ambos casos parten de una premisa falsa y que es que los jóvenes, por el hecho de portarse como jóvenes, son delincuentes. Esta es una actitud que no es de la izquierda ni de la derecha (como ha quedado demostrado), sino del poder autoritario. El poder teme a los jóvenes porque ser joven es en sí mismo un atentado al orden establecido (el desorden natural de los jóvenes está fuera de todo orden). La policía ve en los jóvenes un delincuente en potencia y una afrenta a la autoridad. La cantidad de chavas y chavos que son detenidos todos los días, en todas las ciudades del país, por los delitos de portación de cara y usurpación de deseos, es enorme. Las cifras de detenidos, que tanto presumen nuestras policías, en su mayoría están compuestas por estas hordas de “delincuencia” desorganizada que se dedican al tráfico de hormonas. Si andar en patineta es un delito, no digamos besarse en la vía pública debajo de un árbol o caminar en grupos de más de tres.

La renuencia a la renuncia es el otro componente básico del autoritarismo, sea de izquierda o de derecha. En la tragedia de Heysel (29 de mayo de 1985) cuando en una final de la Champions League murieron 39 personas por un mal manejo policiaco de los hooligans, al día siguiente estaba en la mesa la renuncia no sólo del jefe de la policía —esa se daba por sentada—, sino del primer ministro de Bélgica, como responsable de la seguridad interior del país. En México este tipo de tragedias siempre las procesamos en términos de culpabilidad (“reproche que se hace a quien le es imputable una actuación contraria a derecho, de manera deliberada o por negligencia a efectos de la exigencia de responsabilidad”, según la definición de la Real Academia) y nunca de responsabilidad (“cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado”, dice el tumbaburros de la Academia). Hay que encontrar culpables para que los responsables sobrevivan en sus carreras políticas. Marcelo va entregando su equipo a “los perros” conforme va sintiendo la ferocidad de los medios. Si para ello tiene que fincarle dolo a un colaborador lo va a hacer, y si ladran mucho va a entregar hasta la cabeza de su jefe de policía. ¿Marcelo es responsable de la tragedia del New’s Divine? Sí, tanto como lo es el director de Pemex en 1992, Francisco Rojas, de la tragedia del 22 de abril en Guadalajara, o el presidente Gustavo Díaz Ordaz de la matanza de estudiantes en el 68. ¿Eso significa que deba renunciar? No necesariamente. En este país la responsabilidad nunca ha sido causa de renuncia. En un país donde moral es un árbol que da moras,“el cargo moral que resulta para alguien del posible yerro” lo más que puede provocar son arañazos por quererse comer las moras.

La tragedia detrás de la tragedia es que seguimos sin saber procesar este tipo de crisis. El patrón de la tragedia siempre es el mismo: estupidez, muertes, indignación, designación de chivos expiatorios y olvido. En el origen de todas las tragedias está la estupidez, y ésa sigue gozando de total impunidad.

dpetersen@publico.com.mx