Por qué no pasa nada

Sábado, 5 Julio, 2008

Después de la criminal represión a los chavos en el antro New’s Divine todo ha quedado en lo superficial. Muchos enredados en clasificar los errores del operativo, evaden la cuestión de fondo: el método represivo contra la población, especialmente la joven y pobre, para combatir la delincuencia. Política represiva de funestas consecuencias durante su gestación en el diazordacismo.

Aun en esa lógica, la policía del DF muestra su crueldad, baste voltear al rescate de Ingrid Betancourt para apreciar las impresionantes diferencias. En Colombia se efectuó un rescate en plena selva de los secuestrados más apreciados de un grupo militarmente poderoso como las FARC sin ningún derramamiento de sangre. En la Nueva Atzacoalco murieron nueve chavos y tres policías sólo por el delito de estar en uno de los cientos antros que funcionan en el DF, tolerados legal o ilegalmente por el gobierno y sus policías.

Además de esos alegatos, políticamente correctos, contra la evidente torpeza policiaca, han corrido ríos de tinta, junto con muchos minutos de sonido (ruido) e imágenes tanto para defender al jefe de gobierno y su jefe de policía como para pedir sus cabezas.

Lo que no ha ocurrido es una respuesta social, ni mucho menos entre los chavos, capaz de frenar esa política represiva oponiéndole una política alternativa a favor de los derechos de los jóvenes.

Ni siquiera se ha dado la reacción iracunda como la que se dio en Francia y luego se extendió a buena parte de Europa hace unos años, como respuesta a las muertes de unos chavos migrantes que huían de la policía y murieron electrocutados.

Nada de eso.

Sólo el chalaneo mediático mareador, la mezquindad de las disputas de aparato en el Gobierno del DF, algunos grotescos intentos de capitalización de los panistas y un silencio estruendoso y ominoso de todos los permanentes denunciantes de la derecha y eternos defensores de las causas sagradas determinadas por los dueños de la franquicia de las izquierdas.

El problema no se reduce a una más de las inconsistencias de la partidocracia, su espejo en la comentocracia y en la intelectualidad progresista.

Se trata de una más de las consecuencias derivadas de la red corporativa de control de la sociedad, construida al amparo del régimen priista y hoy aliada del gobierno panista, que significó sepultar su autonomía y la capacidad de autoorganización social.

La simulación y la sustitución de las fuerzas reales favorecen que no pase nada, todavía.

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