Guadalajara: julio de 1908
Viernes, 4 Julio, 2008
A principios de julio de 1908, la vida de los tapatíos seguía siendo tranquila. El panorama que suele presentarse sobre el México porfiriano no se puede simplemente aplicar a Jalisco y menos a Guadalajara. Lo que leemos en el México bárbaro de Turner y en otras obras clásicas sobre el mundo campesino y obrero de principios del siglo XX no reflejan lo que ocurría en Jalisco. Autores versados en el tema, como Roque Estrada (La Revolución y Francisco I. Madero) expresan que la situación de Jalisco distaba mucho de la del Sureste, Morelos y el Norte.
Entre los hacendados jaliscienses abundaban los “amos” paternalistas, y la clase obrera era prácticamente inexistente. En otras palabras, en Jalisco y sobre todo en Guadalajara no existía el descontento que había en otras regiones del país: Jalisco no era Sonora ni el Sureste ni Morelos, cosa que no entendía Álvaro Obregón, quien al llegar a Guadalajara, el 8 de julio de 1914, insultó a nuestros abuelos con aquello de “por fin llegué al gallinero de la república”. No era cierto, los tapatíos no eran gallinas, simplemente la revuelta norteña de Villa y Obregón no interesaba aquí, donde la realidad social era otra: los campesinos no sufrían la opresión que reinaba en otras partes del país, la “clase” obrera no existía, y el descontento contra el presidente no era el de otras latitudes del país.
Habrá que decir, en honor a la verdad, que al pasar los años y llegar Obregón a la primera silla fue cambiando su visión sobre Jalisco, de suerte que, después de la rebelión delahuertista, 1923-1924, el Manco de Celaya se refería a Jalisco como “mi segunda Sonora”. Una prueba de esto es que al dejar la Presidencia, el 1 de diciembre de 1924, se tomó dos semanas de descanso en Manzanillo y luego para redondear sus vacaciones se vino a Guadalajara, cosa que aprovechó para apadrinar el bautismo de Esthercita, la recién nacida hija de José Guadalupe Zuno.
La prensa de aquellos días, del 16 de diciembre de 1924, si la memoria no me falla, atestigua que en la casa de los señores Sneider, en la avenida Vallarta esquina Prado, fue bautizada la niña, apadrinada por el ex presidente Álvaro Obregón y habiendo impartido el sacramento del bautismo el señor arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez. Entre la Iglesia y el Estado no había broncas de limosnazos ni de Banquetes del Hambre con declaraciones del señor gobernador. Jalisco era sin duda la segunda Sonora para el caudillo norteño que diez años antes había calificado a los tapatíos de gallinas.
Pero volvamos a junio de 1908, con los tapatíos y tapatías muy religiosos que, lo mismo los ricos que los pobres, no faltaban a su misa dominical. Los ricos iban a Catedral, a San Felipe Neri, a San Francisco, a la Soledad, donde está ahora la Rotonda. Después de la misa, los catrines y catrinas iban a pasear por lo portales, para luego tomar el aperitivo en La Fama Italiana de don Pepe Rolleri. Otros subían a sus carretelas descubiertas para pasear por la céntrica calle de San Francisco, la actual 16 de Septiembre: las más ricas presumían sus vestidos importados de París y, al fin de la mañana, la banda de música “de la Gendarmería”, daba su concierto desde el kiosco, recién traído de París. En los tiempos de mi general don Porfirio Díaz, vencedor de los franceses el 5 de mayo en Puebla, toda la moda venía de Francia. Recordemos que por esos años se remodeló la Pirámide del Sol en Teotihuacan y por órdenes del señor presidente, el último cuerpo de la pirámide se hizo con una escalera doble “como en Francia”.
Felices tiempos aquellos, 1908, cuando nuestros abuelos y tatarabuelos no tenían problemas de tránsito ni de transporte y podían darse el lujo de comer como Dios manda: hacían su desayuno temprano, un poco más tardecito el almuerzo; la comida formal, la merienda para matar el hambre y la cena antes de acostarse. Nuestros antepasados tapatíos eran más bien gorditos y gorditas, pero gozaban la vida sin mayores preocupaciones de presidentes legítimos y consultas sobre la privatización de los energéticos.
Como le dije a un alumno: “Cuando sea grande quiero vivir en la Guadalajara de antes”.
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