Los votos bien valen una visita a la basílica
El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos madrugó ayer para llevar un ramo de flores a la Virgen de Guadalupe.
Ni de lejos es el Papa el que se asomaba desde el balcón central de la Basílica de Guadalupe. En el hombre de pelo cano y rostro semiparalizado que saluda de lejos a un grupo de estudiantes no hay pretensiones de santidad, virtudes de beato o conciencias impolutas.
El de las canas es John Sydney McCain, el tercero. Senador, héroe de guerra, piloto distinguido, prisionero en Hanoi por cinco años, víctima de la tortura hasta el cansancio y militar transformado en político al que se le reconoce la consistencia de no renegar de sus pasiones públicas y humanas.
Simplemente es McCain, el impredecible, el de la biografía complicada por decir lo menos.
Ese es: liberal aunque republicano, iracundo, enfermo de cáncer en la piel, residente de la frontera con México, odiado por el ala conservadora, ocasionalmente promigración, luego no tanto, sancionado alguna vez por corrupción, divorciado, protestante aunque no practicante, padre de ocho hijos y confeso de infidelidad marital en dos que tres ocasiones.
Hoy, contra todo pronóstico, luego de haber estado en la quiebra hace unos meses, es aspirante presidencial por segunda vez a la Casa Blanca y se encuentra en México.
Este jueves, el senador arizonense rompe terreno y se erige en el primer candidato estadunidense en utilizar a la virgen mexicana como parte de un acto de campaña política para una elección que en realidad está a sólo 10 semanas de distancia
Es hora de buscar los votos hasta por debajo de las piedras.
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La campaña por ganar los votos de cientos de miles de hispanos de origen mexicano que residen en Estados Unidos arranca al sur del río Bravo. Y la competencia por la Casa Blanca hace sus primeros ecos en la Basílica de Guadalupe.
En casi quinientos años de historia no hay antecedente de otro presidenciable estadunidense decidido a asistir al santuario guadalupano, importante para los mexicanos de aquí y los que viven en el otro lado, millones de los cuales —ya de primera y segunda generación y con ciudadanía— tienen derecho a voto.
Conocido en su bancada como “el torbellino blanco” por su adicción al trabajo y carácter explosivo, McCain inicia su búsqueda electoral latina acompañado por el embajador estadunidense en México, Tony Garza, republicano del sur de Estados Unidos que retoma, por un breve lapso, el papel de militante partidista.
El resto de la delegación es un mosaico religioso.
A la cabeza, McCain, un episcopaliano. Le acompañan los senadores Joseph Liebermann y Lindsey Graham, judío y bautista del sur, respectivamente. El hermano de George W. Bush, Jeb, completa el cuadro. Es un protestante convertido al catolicismo sólo a instancias de su esposa mexicana, Columba.
De guía les asiste el rector de la Basílica, Diego Monroy, que lleva al candidato y su esposa hasta los pies mismos del Ayate de Juan Diego, en plena misa matutina.
No hay declaraciones. La valía de este momento no es la de las palabras: la imagen es la que vale oro. McCain a los pies de la morena. McCain recibiendo la bendición de Monroy, que toma su cabeza entre las manos (“casi llora”, relatará después el rector). McCain con una rosa roja en la mano. McCain, con los ojos al cielo y las palmas abiertas. McCain en el altar más famoso de Latinoamérica.
“Vote for McCain”, diría el subtexto, si lo hubiera.
En el fondo, la liturgia corre a su ritmo. Entre la feligresía que acude de madrugada aflora la curiosidad por la inusual actividad en el altar, con nubes de reporteros estadunidenses que se encargan de grabar y retransmitir cada movimiento del hombre que quiere retener la Casa Blanca en manos republicanas.
El sacerdote del día lee la carta del apóstol San Pablo a los efesios. “Hermanos, ya no son ustedes extranjeros ni advenedizos, son conciudadanos…”, dice, coincidentemente.
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Traductor de por medio, Monroy relata a la delegación estadunidense la historia de la aparición guadalupana.
Y comete un error involuntario.
Nadie le ha informado al rector de la Basílica de un dato oscuro, pero crucial. Quizá es por eso que le pide a McCain dedicar un ramo a la Virgen de Guadalupe en un atrio superior al metro y medio de altura.
Obligado, sin rehuirle a la cortesía, el senador estadunidense por Arizona toma el ramo de rosas blancas. Esta es la imagen de la visita. Hace el esfuerzo y con grandes trabajos trata de colocar la ofrenda en su sitio, frente al Ayate de Juan Diego.
Su comitiva lo sabe, pero mantienen la distancia. Dejan al presidenciable hacer su propio movimiento, no exento de dolor: McCain no puede levantar los brazos desde hace cuarenta años, cuando sus interrogadores vietnamitas le rompieron los hombros dañándole irreparablemente.




Vaya !!!, que
Vaya !!!, que casualidad...Ahora que catolicos nos resultaron estos gringuitos...!! Si se nota a leguas que no sabe ni que están haciendo. Aconsejado por sus asesores, se dieron la vueltecita acá a Mexicalpan de las Tunas, a ver si asi se le hace el milagrito...No pues está cañon...La virgencita, con todo el respeto que nos merece a todos los Mexicanos, !! Hace milagros, pero no Imposibles !!. De verdad que a Mac Cain y a su "fotogenica" esposa, les rezuma el cinismo, la ignorancia de visitar un recinto tan importante como lo es la Basilica. De verdad que no tienen verguenza de presentarse allí esos pro-nazis, que ahora si, vienen acá, y luego, de aquel lado del Rio Bravo, despotrican en contra de nuestros paisanos apoyando a Minute Man y toda la bola de racistas.
No Mc Cain, esta vez, si te la jalaste...La derrota, es lo unico que tienes asegurado en Noviembre.
POR SUPUESTO QUE LOS VOTOS
POR SUPUESTO QUE LOS VOTOS VALEN MUY BIEN UNA VISITA A LA BASILICA Y NO SOLO UNA, SINO MUCHAS MAS, PUES ESO, PRETENDER QUE SE ES MUY CATOLICO. ES UN ARMA MUCHO MUY PODEROSA PARA GANARSE LA BUENA VOLUNTAD, LA ADMIRACION Y DOMINAR A LOS ESTUPIDOS.
SINO PREGUNTEN A LOS CERDOS EPAÑOLETES Y A LOS POLITICOS MEXICANOS.