Cooperar y competir
Viernes, 4 Julio, 2008
El lunes pasado, Roberto Velázquez escribió en este espacio que en el estado actual de las cosas resultaba positivo que los mejores jugadores nacionales salieran a jugar al extranjero, aunque ello representara “renunciar a soñar con una liga mexicana fuerte” y “condenar al torneo local a ser un semillero tercermundista de la metrópoli de ultramar. Su conclusión fue sin embargo, contundente: “…los dueños del futbol no se atreven a crecer”.
Dicen que un optimista no es otra cosa que un pesimista mal informado, y mi colega Roberto siempre está muy bien informado, por lo que dudo mucho que tenga intenciones de seguir soñando con una liga mejor. Y es que para que ésta crezca y se convierta en una de las mejores del mundo, hace falta que los “dueños del balón” finalmente entiendan un concepto que a simple vista parecería muy simple: son socios y competidores al mismo tiempo. Por tanto, hay momentos para trabajar como socios, cuando el objetivo es hacer crecer el negocio, y hay momentos para competir intensamente buscando una mayor participación de ese mercado. Y la verdad es que tal como apunta Roberto, los dueños están más acostumbrados a competir que a cooperar. Si bien es cierto que una o dos veces al año se juntan durante un par de horas para comer y revisar superficialmente alguno que otro asunto trascendente, hay innumerables evidencias de que cuando hay que tomar decisiones en beneficio del futbol mexicano, cada quien ve por sus intereses particulares.
Es más, cuando han tratado de cooperar han llegado a tomar determinaciones que han resultado contraproducentes. Ahí está por ejemplo el vergonzante “pacto de caballeros”, que no sólo contraviene las disposiciones de FIFA sino que ha sido rebasado una vez que los jugadores, ahí están los casos de Bravo y Galindo por ejemplo, han encontrado la forma de darle la vuelta. Caso similar es el del “régimen de transferencias” ya también con algunas consecuencias nefastas para sus creadores. Como ejemplos de lo anterior están la decisión de Gonzalo Pineda de negarse a jugar con el Atlante, y los problemas que tuvo el poderoso América -que sólo gracias a la intervención directa de Emilio Azcárraga pudo arrancarle a Alfredo Moreno al San Luis-, para reforzarse de cara al nuevo torneo.
Cooperar y competir, o si usted quiere, aprender a “coopetir”. ¿Suena sencillo verdad? Lástima que en los hechos, y tratándose de los dueños del futbol, no lo sea tanto.



