No lo puedo creer
Viernes, 4 Julio, 2008
Estuve en Monterrey el miércoles pasado. Un día cargado de evaluaciones, de proyecciones y de números, terminó con una invitación de Willy González, el director de Deportes de Multimedios, para que lo acompañara al estadio Universitario, donde los Tigres jugarían contra los Tecos un partido de preparación, el primero de hecho que sostendrían ante su gente. Si no me la pasara tan bien al lado de mi divertido e irónico colega y compañero y si no hubiera sabido además que tendría la oportunidad de saludar a Don Roberto Hernández jr, no hubiera aceptado. ¿Quién, que no tuviera a los Tigres como obligado trabajo o como religión, iría gustoso al Volcán a ver un juego de pretemporada de un equipo con resultados y accionar tan deprimente? Muy pocos o ninguno, créamelo.
El caso es que no sólo fui al Universitario, sino que, en la actitud más heroica que he tenido desde que milité en CNI Canal40, llegué dos horas y media antes de que empezara el partido, pues habitualmente con ese lapso tienen que apersonarse los comentaristas que realizan, sea para radio o tele, una transmisión de un partido. Sé de la pasión con la que viven el futbol los aficionados regiomontanos, sean de Rayados o Tigres, pero lo que vi no dejó de admirarme.
Primero que nada me enterneció la nobleza de los aficionados del equipo universitario. Luego me irritó que fueran víctimas, por candidos, de una directiva que abusa de su entusiasmo y amor por los colores universitarios. Resulta que el equipo presidido por Enrique Borja decidió cobrar los boletos. No se llenó el Volcán, evidentemente, pero sí habrán ingresado cuando menos unos 10 mil. Tantos que el buen Willy me dijo a su estilo: “Mira, esta es la mejor entrada que tendrán los Tecos en toda la temporada”.
El partido, como era de esperarse a estas alturas de la fase de preparación de cualquier equipo, resultó infumable. Malo, malo, malo. Nada rescatable, un encuentro pactado apenas para cumplir con la idea de soltar un poco a unos atletas que venían de un intenso trabajo físico en la playa. Así que el problema, lo que me parece digno de denunciar, no es el trabajo de Manuel Lapuente y sus muchachos o el de sus contrapartes en manos de José Luis Trejo. Lo que me parece todo un fraude es el que comete una directiva al decidir cobrar el ingreso a este tipo de partidos, jugando con la ansiedad legítima de los aficionados por ver a su equipo nuevamente, por checar a las recientes incorporaciones.
Por lo demás no sólo me parece abusiva, sino tonta esta estrategia de la directiva de Tigres. ¿No es mejor en todos los sentidos, empezando por los de carácter comercial, reservarse la presentación del equipo, de sus refuerzos, para un magno partido? ¿Para qué exhibir al juicio de todos a jugadores casi recién bajados del avión, como el paraguayo Julio Aguilar? Me sorprende que esto pase en Monterrey. No es inteligente, no es lógico. Es abusivo, no es decente. ¿Qué esperar en la cancha de un equipo que no se siente mal haciendo esto que les cuento que hizo la noche del miércoles pasado?
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