El abecedario de los economistas IV…
Viernes, 4 Julio, 2008
Hay quienes creen ser siempre mejores que su reputación. El mundo está equivocado y, como dicen en León, “que nos valga ‘Wilson’” lo que piensen los demás. Por el contrario, hay quienes hacen fama o cuando menos creen haberla hecho, y a dormir. Total, no necesitan hacer un esfuerzo pues su palmarés lo hace por ellos mismos.
Por eso es siempre digno de reconocerse cuando alguien, una institución, quien sea, lleva a cabo un ejercicio de autocrítica, sin importar el tema, y lo hace de manera objetiva y transparente. Es el caso del reporte que recién publica el “Grupo de Evaluación Independiente”, una unidad del Banco Mundial, con relación a los estudios que esta institución viene publicando bajo el título de “Doing Business” (haciendo negocios).
Estos tienen por objetivo medir el marco regulatorio en 178 países y promover mejoras al mismo para impulsar la competitividad. Se miden indicadores como los siguientes: facilidad para empezar un negocio o para emplear trabajadores, para registrar propiedades o para proteger inversionistas o para pagar impuestos, y otros indicadores más. Son estudios que encuentran terreno fértil en los medios, necesitados siempre de que alguien les simplifique temas complejos. Como si fueran las olimpiadas de la competitividad, a los países se les clasifica del uno al 178 en términos de un número de indicadores, lo que a los medios les encanta y en alguna medida les evita tener que hacer la tarea. Para algo existe la división del trabajo. No importa que en el camino se cometan atropellos o cuando menos inexactitudes que escondan más que lo que enseñan.
El Grupo de Evaluación Independiente” se hizo algunas preguntas básicas. ¿Qué nos dicen los indicadores que generan los estudios del “Doing Business”? ¿Son sólidos? ¿Sirven para que los responsables de las políticas públicas tomen decisiones? ¿Representan las dimensiones clave del clima de negocios de un país? ¿Qué se puede hacer para mejorarlos?
Si las preguntas han sido interesantes, las respuestas lo son aún más. La clave está en el siguiente argumento: si bien la regulación genera costos privados es evidente que produce también beneficios públicos. Por lo tanto, lo que podría ser bueno para una parte, para el individuo --menores costos o menores regulaciones-- no necesariamente será bueno para el todo, para la sociedad. A partir de ahí, las implicaciones en términos de políticas públicas no pueden ser sencillas ni unidimensionales.
El estudio independiente reconoce que si bien los indicadores que produce el Banco Mundial son útiles para llamar la atención sobre el tema regulatorio, por sí solos no muestran otras dimensiones del desarrollo y del clima de negocios. Menos aún cuando se equipara menor regulación con algo bueno, independientemente de sus beneficios reales. Para los que tienen memoria, hubo una vez alguien que dijo que “la mejor política industrial es la que no hay …”. La mano visible del estado en la economía entraña riesgos, costos, pero hoy vemos cómo Brasil, China, India y otros fortalecen sectores económicos clave mientras que nosotros corremos el riesgo de desmantelar sectores importantes del aparato económico.
El estudio es particularmente crítico de la forma en la que los reportes del “Doing Business” se nutren de información provista supuestamente por “expertos” en cada uno de los países. Los datos, todo aquello que se utiliza como insumo para decir, por ejemplo, que “México ocupa el lugar 75 en términos de las prácticas para la apertura de empresas” (mientras que India y China son el 111 y 135 de 178, respectivamente) son proporcionados por muy pocas personas. A su vez, los estudios son poco transparentes sobre el tipo de informantes que se toman en cuenta para generar los indicadores. Por si fuera poco, el rankeo tiene innumerables debilidades. Conclusión de los “auditores independientes”: “la falta de transparencia en estos temas debilita la credibilidad y la buena fe de los estudios del “Doing Business” (itálicas agregadas).
Seguramente, si se tuviera un “grupo de evaluación independiente” sobre todo lo que se ha dicho en los foros del Senado sobre la mal llamada reforma energética se podrían diferenciar los argumentos técnicos de la ideología y del llano fanatismo. En ausencia de ello, no queda mas que reconocer los ejercicios de autocrítica que hacen esas mismas instituciones que son tan vilipendiadas de manera fácil por tantos, y aprender de ellas no tomándolas tan en serio sino como un elemento más en la formación de políticas.
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