El Chapo no es Ingrid

Viernes, 4 Julio, 2008

En la emoción que producían las imágenes del desenlace de la historia de Ingrid Betancourt escuché a un par de mentes privilegiadas, generalmente cautas, decir en detrimento de Felipe Calderón que el presidente Álvaro Uribe sí era un estadista: hombre que corría riesgos y se sabía servir de la inteligencia y el poder para sacar resultados sensacionales que marcarían un antes y un después en Colombia.

Les dije que me parecía injusta la comparación porque Calderón (sin Plan Colombia de respaldo) estaba librando también una guerra contra un enemigo más temible que las FARC. Me quise servir del dato macabro de las 5 mil muertes en 19 meses, de cómo se están reforzando los operativos donde las bandas terroristas del narco son más fuertes, y del argumento de que, como si fueran discípulos de Montgomery, Uribe y Calderón entienden que la guerra se gana o se pierde sacrificando vidas.

De poco me sirvió. Era la hora de Ingrid. Uribe le dio a los colombianos y al mundo algo que literalmente los impresionó. Por lo tanto, esa tarde podía conseguir lo que quisiera.

Uno de ellos opinó que la captura de El Chapo Guzmán sería el levantón de ánimo, la inyección de ilusión que millones de mexicanos estarían esperando. Me opuse otra vez. Ingrid es una virgen, la “secuestrada más famosa del mundo”, la mujer más valiente de la tierra (le dijo ayer Shakira por teléfono). Ingrid era irremplazable. El Chapo es un matarife, un “agricultor”, una leyenda sustituible al día siguiente de su captura. Su detención no alteraría ni la guerra ni la crisis nacional. Me sirvo de Caro Quintero, Osiel Cárdenas, los Arellano Félix para afirmarlo.

Benditos colombianos, pensé: en medio de sus tragedias, al menos tenían a Ingrid.

gomezleyva@milenio.com