Ave Maria
Viernes, 4 Julio, 2008
Desde que Vicente Fox inició su ejercicio –conste que no digo mandato- con una peregrinación a la basílica de Guadalupe y un besuqueo al Crucificado en pleno recinto legislativo, entendí que don Beno debiera estar revolcándose en su tumba como tlaconete en las playas de Guerrero Negro. Todo se vale, me día cuenta, en aras de la búsqueda del poder.
John McCain, a quien los estrategas de Los Pinos consideran de ya candidato electo a la presidencia de los Estados Unidos, acaba de recibir en México, su colonia predilecta sin duda alguna, un tratamiento de jefe de estado. Faltóle sólo que Felipe Calderón, quien ese mismo día estaba llegando por otra sala del aeropuerto, se le fuera a cuadrar con todo y las 21 salvas que a ello corresponde.
No tiene nada de malo; la bonhomía y hospitalidad de los mexicanos ha sido proverbial y la buena educación obliga a que se reciba con la misma pleitesía al rey de España que al primer ministro de Zimbawe, si es que el ibero tuviese algo que vender o el moreno algo que comprar por estas tierras.
Pentecostal, McCain hizo su procesión al último reducto del ritualismo mexicano sin rasparse las rodillas ni castigar el lomo con pencas de nopal; llegó a la basílica de doña Guadalupe con su esposa al lado y el judío de Liebermann tres pasos atrás, como corresponde a una buena cónyuge nipona.
Para los norteamericanos, el uso de los recintos de culto y los ritos religiosos en ceremonias oficiales es algo normal. Después de todo, en las primeras semanas de enero el presidente del país jura su puesto con la mano sobre una Biblia y no expresando lealtad a ninguna Constitución Política y si a ella falta que la Patria se lo demanda.
México no es así. Bueno, no era. Dice Carlos Fuentes que el destape español, desbocado y febril, sólo corresponde a la represión a las expresiones sexuales que el país sufrió durante todo el franquismo. Dice por ahí –y si no lo dice lo digo yo en su nombre- que no hay mejor puta que una monja arrepentida. De la misma manera el otrora estado laico que se llama México, debe rendir su pleitesía a cualquiera que se postre ante la virgen morena.
Gracia plena.
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