La noticia del rescate

Viernes, 4 Julio, 2008

Eran más o menos las once de la noche en Francia. Mi esposa oía el radio mientras acababa de poner orden en la cocina cuando me dio la noticia: “Dicen que liberaron a Ingrid Betancourt”. Nos pegamos a la televisión, donde todos los canales, todos, daban la noticia, pero de modo tan confuso que parecía que Ingrid había sido liberada como parte de un acuerdo con las FARC. Fue sólo poco a poco que nos dimos cuenta de que no: había sido rescatada por un comando del Ejército.

La noticia acababa de ser anunciada por el ministro de Defensa de Colombia. Explicó que se había logrado infiltrar la cuadrilla de las FARC que tenía la custodia de los rehenes en la selva de Colombia. Explicó que se había logrado que los rehenes, que estaban localizados en tres sitios diferentes, fueran transferidos a un solo lugar, para que fueran recogidos ahí por un helicóptero de una organización ficticia, que pertenecía al Ejército. Explicó que se había logrado liberar a quince personas, entre ellas a la más famosa, una mujer que llevaba seis años, cuatro meses y nueve días secuestrada. Explicó también que se había logrado neutralizar en el helicóptero al jefe de la cuadrilla, un tal César, así como a un miembro de su Estado Mayor, a quienes los militares les habían hecho creer que iban a llevar a los rehenes con Alfonso Cano, el jefe de las FARC. Explicó por último que había sido respetada la vida de los alrededor de sesenta guerrilleros que custodiaban a los rehenes, rodeados por los soldados que participaron en la Operación Jaque.

El presidente Sarkozy apareció poco antes de la medianoche frente a los medios, rodeado de la familia de Ingrid Betancourt. Había invertido su prestigio para liberarla, desde la noche que ganó la Presidencia. Felicitó a Uribe y al Ejército de Colombia, y tuvo también palabras de agradecimiento para Chávez y Correa. Había abanderado, él en lo personal, la presión internacional para liberar a Ingrid Betancourt, cuya imagen estaba en todas las alcaldías de Francia y acababa de ser colocada en la cima del Mont Blanc. Pero el presidente sabía también una cosa: sabía que Ingrid había sido rescatada por una operación militar, como proponía Uribe, y no con un acuerdo humanitario, como quería Sarkozy. Sabía que Francia había luchado durante seis años para que el gobierno de Colombia cediera a las condiciones de las FARC: una zona desmilitarizada y un cese al fuego, que Uribe decía eran inaceptables porque implicaban el crecimiento de las FARC. Sabía que el operativo había sido una victoria rotunda y espectacular para Uribe, quien hacía seis años había sido electo por los colombianos, y hace dos años reelecto, para derrotar y superar la violencia en su país, no para negociar con las FARC. Así que si bien el objetivo fue logrado: rescatar a Ingrid, el operativo que lo consiguió fue una lección –una derrota incluso– para la diplomacia de Francia, que había luchado por hacer las cosas de otro modo, con el apoyo de Chávez, presionando a Colombia para lograr una negociación con la guerrilla, como querían también todos los comités de apoyo a Ingrid, todas las familias de los secuestrados y, desde luego, todos aquellos que cobijaban, bajo la preocupación humanitaria, su simpatía con las FARC. “La operación fue perfecta, absolutamente impecable”, dijo Ingrid Betancourt. Pudo haber salido mal, pero salió bien gracias en parte a la claridad con la que Uribe, apoyado por casi todos los colombianos, prometió combatir la violencia de las FARC.

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