Se desploman ventas de General Motors, Ford y Chrysler en Estados Unidos

La debilidad coyuntural estadounidense afectó de forma realmente negativa a todos los productores: el mercado conjunto del automóvil en junio cayó más de un 18 por ciento.

Detroit.-- Los mayores fabricantes de automóviles estadounidenses están sufriendo ahora la pesadilla de cualquier conductor: una caída libre en una pronunciada cuesta abajo en la que fallan los frenos.

Tras un balance a la mitad del año con números rojos, el mercado del automóvil estadounidense amenaza también, según los expertos, con registrar este año las cifras de ventas más bajas de hace más de una década.

El ajuste es violento: durante años General Motors, Ford y Chrysler registraron pingües ganancias con sus todoterrenos y camionetas. Y en medio del éxito, no despertaron a tiempo del cambio de tendencia. Durante mucho tiempo los clientes estadounidenses buscan automóviles cada vez más pequeños y ahorradores, que paradójicamente los fabricantes del país no pueden suministrar de forma suficiente.

La debilidad coyuntural estadounidense afectó de forma realmente negativa a todos los productores: el mercado conjunto del automóvil en junio cayó más de un 18 por ciento. Con una caída del 17 por ciento en su marca principal, también al número uno alemán BMW la crisis le dio de lleno en Estados Unidos. Ninguno del resto de los productores germanos pudo crecer, a excepción de Audi.

Con una ruinosa batalla de rebajas, GM se salvó de una dura caída de su imagen: la matriz de Opel malvendió sus coches y mantuvo así las distancias con su archirrival japonés Toyota. Los observadores del mercado hablaron de un "fuego sobre paja". En todo el mundo los asiáticos siguen registrando cifras positivas en ventas y lo más importante: son rentables. GM, al contrario, registra pérdidas millonarias y el fin de los números rojos no está a la vista.

Los que una vez se hicieran llamar orgullosos los "tres grandes" ofertantes estadounidenses ya no suministran entre tanto en su mercado interno más del 50 por ciento de los automóviles nuevos.

A la crisis reaccionaron de forma similar: con recortes de producción, despidos y reducción de costes. Pero las ventas cayeron más rápido de lo que los consorcios pudieron ahorrar, un "escenario de pesadilla" para los analistas del mercado del automóvil de Global Insight. Los expertos creen que pasarán años hasta que nuevos modelos adecuados a las necesidades copen el mercado en la medida necesaria.

Ni filiales exitosas de GM como Opel, ni el buen negocio europeo de Ford pudieron suavizar el sufrimiento de las matrices. GM pierde cada mes mil millones de dólares y la tendencia aumenta, según expertos de Goldman Sachs. No es ninguna sorpresa que se extiendan los rumores sobre problemas de liquidez. Las acciones de GM cayeron a su nivel más bajo en medio siglo.

Las gigantes GM y Ford se han convertido, según su valor bursátil, más bien en candidatas a una adquisición. ¿Pero quién va a querer tener sus enormes deudas, nuevas pérdidas y malas perspectivas?

El grupo alemán Daimler se desprendió hace más de un año prácticamente en el último minuto de su socio Chrysler. La crisis crediticia y el descalabro del mercado estadounidense habrían hecho imposible poco después su venta al inversor Cerberus, dijo el grupo de Stuttgart aliviado.

Pese al mal estado del mercado estadounidense, los productores alemanes mantuvieron hasta ahora sus pronósticos de ventas en Estados Unidos para el conjunto del año. BMW y Daimler aseguraron que les irá "al menos tan bien como el año anterior".

Los fabricantes alemanes quieren avanzar con sus motores diesel: gracias a las nuevas técnicas cumplen la normativa de emisiones especialmente restrictiva de California y pueden usarse en todos los estados del país. El problema: el diesel es en Estados Unidos considerablemente más caro que la gasolina.

Debido al precio de la gasolina, en Estados Unidos aumentan sus ventas los pequeños automóviles como el Mini de BMW o el Smart de Daimler, cuya cifra, sin embargo, es relativamente baja. Una creciente preocupación de los alemanes es el históricamente bajo nivel del dólar, que al cambio con el euro pierde cada vez más valor.

La respuesta a este problema podría ser producir en Estados Unidos, como desde hace tiempo hacen ya BMW y Daimler. Volkswagen quiere imitarlos y se espera en poco tiempo una decisión el establecimiento de una fábrica en Estados Unidos.

dpa