¿Por qué no te callas?

Conforme avanzan los años, es cada vez más difícil decir a las mujeres lo que pensamos de ellas. No importa que lo intentemos con una crítica reconstructiva facial, o que seamos víctimas de un incontrolable ataque de sinceridad.

Como la tendencia es la de los chicos cool, son pocos los tíos que se atreven a alzar la voz, pues no pasará un minuto para que sean señalados como sombríos misóginos sobre quienes debe pesar una orden judicial para, o evitar que se acerquen a menos de un kilómetro de cualquier varona, o en casos extremos la castración química-bioilógica (¡ouch!). Lo curioso es que entre ellas si se pueden ofender, y se toleran las críticas bajo la gastada “entre nosotras podremos ofendernos pero nunca nos haremos daño”.

Tampoco es gratuito que la crítica a la mujer sea censurada en las prácticas sociales, y eso lo debemos a unos chiquilicuates —muy cavernarios a decir verdad—, quienes por no afrontar su realidad, prefirieron agarrar a madrazos a una del sexo opuesto. Nadie se opone a que a tales orangutanes los empalen en el zócalo de su comunidad como castigo, pero lo cierto es que sólo un bajo porcentaje de mujeres merecen que las agarren a cachetadas, lo cual tampoco significa que tengamos qué hacerlo.

Y el efecto del macho golpeador, deriva en consecuencias para los demás: ahora si, a las mujeres ya no las podemos tocar ni con el pétalo de una rosa. Lo que antes era una metáfora cursi, devino en inciso del derecho penal. Es como un bar antes de la ley de control para los fumadores: unos cuántos fuman y todos se mueren. Yo les aseguro que a priori, ninguno tipejo por muy elemental que sea, desea pelear físicamente con su mujercita. De hecho, a diario deambulan millones de mujeres maravillosas con las que sólo se antojan otros intercambios, desde asuntos meramente sexuales, hasta una simple charla cuyo límite sea el amanecer. A esas chicas superpoderosas, listas, realizadas, emprendedoras, tolerantes, y en los casos premium, bellísimas de cuerpo y alma, nadie jamás la ofendería, sobre todo porque regularmente entienden de discrepancias y de la sabiduría que implica aceptar (o tragarse) señalamientos hechos al calor de la buenaondez.

Por lo tanto, el Patanismo Internacional, del cual me declaro miembro honorario, es el menos culpable de que existan mujeres que no pueden ser tratadas con cortesía y a las que la (plausible) moda de tejer entre la comunidad una red de bondad y protección para los débiles, ha lanzado a la búsqueda de una emancipación que nunca les fue negada, o al menos no recientemente. Así, al saberse protegidas por los guardianes de la buena conciencia, y peor aun, por organizaciones varias de derechos humanos, salen a la calle, impunes y con el pico suelto. El que no tengan mucho qué decir no las obliga al silencio. Y si se los pides por favor, te responden que en este país hay “libertad de expresión”, que nunca se halló en un dilema mayor.

Conozco a muchas así, que echan por la borda de su gorgoteo, cualquier otra virtud con la que pudieron haber sido rozadas por el destino. En un tiempo nunca me preocuparon y hasta me resultaron divertidas, pero como hoy mi tolerancia está enfocada a otras causas, no me da la gana asumirme diplomático. Si me toca compartir espacio visual y auditivo con alguna charlatana parlanchina, no dejo que avancen en sus devaneos, pincho sus contradicciones y con ironías coadyuvo a frenar sus excitados embates. Y no es que uno quiera ser el amo del debate cantinero, pero como se ve que no han leído aquella sentencia del gran Groucho Marx quien dijo “prefiero quedarme callado y que crean que soy un imbécil, a hablar y que lo comprueben”. Por cierto, antes de que me lo recuerden, yo no me desmarcó del bando de los imbéciles, pero es que hay adorables amiguillas que me superan por muchos cuerpos y cabezas.

Por otro lado, no deja de parecerme curiosa y extraña la reacción de los demás comensales, quienes me miran con cara de “¿quién te crees?”, o “mejor déjalo pasar”, como si mis humildes intentos por maniatar a una cotorra no tuvieran la finalidad del bien común. Y hecho el silencio, ahora si, ¿qué tenemos qué decir los demás animales? Insisto en la extraña actitud de los que aguardan a que la boquirrota se retire para, ahora sí, zumbarle con todo y tacharla de tarada, incoherente, dudosa, blandengue, vacilante, ambigua, equívoca, profana, lega, inconclusa, malcojida y demás epítetos ciertos, o que de ser inventados, no tienen por qué ser mentira.

A mi parecer, sería más correcto que la agarráramos entre todos y, muy al estilo de las intervenciones a los drogadictos, decirle que entre menos hable más la adoramos… que su lengua no es de este mundo… que con su actitud a la Vicente Fox lo único que logra es perder votos en el conteo final… que si las cosas no le han funcionado hasta hoy no tiene porque seguir en la misma ruta de destrucción… que la palabra es un bien preciado el cual debemos cuidar, tanto o más que el agua.

Pero si después de esto insiste con su actitud errante, entonces no hay nada qué hacer. Pero entonces que no se sorprenda si al abrir la boca, todos se paran y la dejan hablando sola, que bien merecido se lo tiene.

LE ENVIO UN SALUDO ES VERDAD

LE ENVIO UN SALUDO ES VERDAD LO QUE COMENTA ACTUALMENTE LA TENDENCIA DE LAS MUJERES ES CONQUISTAR EL MUNDO Y TENERNOS DE SUS ESCLAVOS YA QUE CREEN TENER LA RAZON DE TODO Y ACTUALMENTE COMO BIEN COMENTAS ES MUY DIFICIL GANARLES UNA DISCUSION PORQUE SIMPLEMENTE SON AFERRADAS QUE TE AGOTAN DE OIR TANTA JALADA LO QUE QUIERES ES SALIR HUYENDO Y YA NO ESCUCHARLAS MAS,NO SE PORQUE OCURRE ESTO PERO A UNA MUJER SI LE DAS PODER O LO TIENE SE VUELVE INTOLERANTE Y DESPOTA CON LA GENTE NO CREO QUE OCURRA POR REGLA GENERAL PERO HE CONOCIDO A ALGUNAS QUE SE SIENTEN LA MAMA DE LOS POLLITOS, ADEMAS COMO DICES YA NO SE LES PUDE TOCAR NI CON EL PETALO DE UNA ROSA NI CON EL ROSE DE UNA PALABRA PORQUE PARA ESO SI SON UNAS DESAMPARADAS MUJERES, INDEFENSAS QUE ABUSAMOS PORQUE SOMOS HOMBRES, O SEA QUE CUANDO LES CONVIENE SOMOS IGUALES Y CUANDO NO SON DEBILES Y MUJERES, EN EL TRANSPORTE PUBLICO QUIEN VE A UNA MUJER SEDIENDOLE EL ASIENTO A UN ANCIANO O A UNA MUJER EMBARAZADA Y DICEN ES QUE YA NO HAY HOMBRES Y LAS MUJERES, PUES QUE NO SOMOS IGUALES, Y PARA PAGAR UNA CUENTA EN UNA CANTINA SE HACEN QUE LA VIRGEN LES HABLA SI CHUPAN IGUAL QUE CUALQUIERA PERO A LA HORA DE PAGAR COMO QUE LES DA AMNESIA,PERO QUE BELLAS SON QUE HARIAMOS SIN ELLAS, CON TODOS SUS DEFECTOS Y VIRTUDES LAS AMAMOS Y LAS TOLERAMOS Y NOS TOLERAN, PERO DEFINANCE SON O NO SON.SALUDOS

Un saludo Para responder a

Un saludo

Para responder a la Loba, si mira, en más de una ocasión me ha tocado compartir con una mujer con las características de las que describo. Bueno, para ser más exacto, me las he topado toda la vida. Pero como lo aclaro en el texto, la diferencia es que antes les daba por su lado y ahora ya no puedo hacerlo.
Y como dijo otro de los foristas, hay hombres a los que les gusta actuar del mismo modo pero es más fácil callarlo, máxime si es cercano a tí. Y si, entiendo que estos añejos conflictos de género, son cuentos de nunca acabar pero siempre son motivo de nuevas controversias.
Un saludo

Oye, me encanta lo que

Oye, me encanta lo que dices, sobre ser sincero y esas cosas. Tienes razón en que cualquiera debe estar abierto a recibir una dosis de buenaondez y opinión de otros. Lo que no entendí de tu lectura es exactamente a qué te refieres. Perdona mi taruguez. ¿Qué es exactamente lo que te molesta de las charlatanas parlanchinas? No me lo tomes a mal. NO digo que las mujeres NO pueden ser charlatanas parlanchinas. Pero, ¿qué te pasó para pensar en esto? Me imagino que ya te ha pasado varias veces hallarte en la misma situación. ¿De qué exactamente hablas? ¿De mujeres que dicen que el hombre es menos que las mujeres, de mujeres que se creen superpoderosas, de mujeres que sólo hablan de cosas que son babosadas para ti, de mujeres que no saben y sólo inventan? Exactamente, ¿de qué?

Siempre te vas a topar con gente a la que seguro le hace falta un poco de sincera buenaondez de parte nuestra... hombres y mujeres, ¿no? Yo conozco gente, de ambos sexos, que llenan perfectamente el texto que has descrito. De la misma manera. La pend...ez no es privativa de algunas mujeres ni de algunos hombres, es materia común de t-o-d-o-s los seres humanos.

Te saludo con gusto. Leo a menudo tu blog y hoy me latió escribirte.

Loba negra
http://enmexico.todoshacemospolitica.org

Oye, me encanta lo que

Oye, me encanta lo que dices, sobre ser sincero y esas cosas. Tienes razón en que cualquiera debe estar abierto a recibir una dosis de buenaondez y opinión de otros. Lo que no entendí de tu lectura es exactamente a qué te refieres. Perdona mi taruguez. ¿Qué es exactamente lo que te molesta de las charlatanas parlanchinas? No me lo tomes a mal. NO digo que las mujeres NO pueden ser charlatanas parlanchinas. Pero, ¿qué te pasó para pensar en esto? Me imagino que ya te ha pasado varias veces hallarte en la misma situación. ¿De qué exactamente hablas? ¿De mujeres que dicen que el hombre es menos que las mujeres, de mujeres que se creen superpoderosas, de mujeres que sólo hablan de cosas que son babosadas para ti, de mujeres que no saben y sólo inventan? Exactamente, ¿de qué?

Siempre te vas a topar con gente a la que seguro le hace falta un poco de sincera buenaondez de parte nuestra... hombres y mujeres, ¿no? Yo conozco gente, de ambos sexos, que llenan perfectamente el texto que has descrito. De la misma manera. La pend...ez no es privativa de algunas mujeres ni de algunos hombres, es materia común de t-o-d-o-s los seres humanos.

Te saludo con gusto. Leo a menudo tu blog y hoy me latió escribirte.

Loba negra
http://enmexico.todoshacemospolitica.org

Leo una constante y marcada

Leo una constante y marcada contradicción cada vez que se abordan temas directamente relacionados con las diferencias de género. La primera y muy marcada es que la constitución garantiza la igualdad de derechos para todos los mexicanos (y mexicanas, diría el susodicho); pero los códigos penales y las prácticas sociales establecen diferencias de trato, capacidades y limitaciones.

Allá en mis lejanas mocedades leía a Simone de Beauvoir, a Betty Friedan y a Alexandra Kollontay y entendía que para la sociedad de aquellos setenta, sobre todo la sociedad de los barrios marginales, de las zonas obreras y rurales, era urgente una modificación radical de las formas de relación entre los géneros, una "revolución doméstica" que permitiera una efectiva equidad, con igualdad auténtica de derechos y obligaciones y todos los agregados que la más elemental justicia reclaman, pero...

Hoy, en esta primer década del siglo 21, la antigua búsquede de una eficaz igualdad de derechos se ha convertido en una nueva manifestación de beligerancia, de oposición sistemática, de resentimiento de género en la que siento que todos -mujeres y hombres- quedamos mal parados.

Escucho, leo y miro tantas discusiones acerca de las "diferencias" de género -algunas biológicas, otras meramente hipotéticas: que si los hombres somos unas bestias o que si las mujeres son más espirituales-; leo anunciados a tantos autores de best-sellers que se dedican a subrayar las diferencias entre hombres y mujeres, y escucho a tantas mujeres celebrarlos tan ruidosamente, que ya aquella preconizada "igualdad" parece haber quedado en un simple buen deseo post-hippioso o, en el peor de los casos, "comunista".

Los feminicidios de Ciudad Juárez, la violencia intrafamiliar, el machismo y todas las taras sociales que arrastramos tienen orígenes más complejos que el esquema simplista de que "los hombres son de Marte y las mujeres de Venus". En estas contradicciones todos, hombres, mujeres, llevamos parte.

Y si queremos ver el asunto desde una perspectiva "más positivista" como dicen los locutores de TV, tal vez convenga considerar que los seres humanos somos una sola especie, con dos géneros maravillosamente complementarios.