Mucho más que la Casa Blanca

Ahora que ya se sabe quiénes serán los candidatos que pelearán por la Casa Blanca, hay un libro que explica con todos sus detalles la verdadera dimensión de lo que se estará jugando en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses.
La versión en castellano de esta obra fue titulada Después de Bush, pero la traducción literal del inglés debió haber sido La conciencia de un liberal (The Conscience of a Liberal), pues el título original da una mejor idea de lo que puede encontrarse en este volumen; pero bueno, es entendible que en época electoral la primera opción vende más.
En este libro, publicado originalmente el año pasado y recién traducido por el sello editorial Crítica, Paul Krugman sí habla sobre los cambios que deberían venir para la política estadounidense después de ocho años de gobierno de George W. Bush, e incluso abiertamente hace proselitismo por el Partido Demócrata, pero la obra no es sólo sobre esto, es mucho más vasta. Es sobre historia política y económica de la Unión Americana, sobre las políticas sociales que se implementaron en el pasado y que ahora se han ido olvidando, sobre los valores liberales y su confrontación con el movimiento conservador; en suma, es un volumen sobre desigualdad económica y polarización política.
La tesis central del autor es que se pueden “distinguir dos grandes procesos en la historia estadounidense contemporánea: uno de índole económica que evoluciona desde una elevada desigualdad hasta una relativa igualdad y viceversa; y uno de signo político, definido por la alternancia entre una polarización extrema y un bipartidismo constructivo”. Ambos ciclos han ocurrido paralelamente, de forma que la edad dorada de la igualdad económica coincidió en lo fundamental con el esplendor del bipartidismo constructivo entre Demócratas y Republicanos.
Krugman observa una relación causal entre polarización política y desigualdad económica; para él, la situación política ha hecho que se sigan ciertas políticas que han desencadenado en una mayor inequidad de ingresos entre los norteamericanos. Y lo explica de la siguiente forma: “Durante la década de 1970, extremistas de derecha decididos a acabar con los logros del New Deal se hicieron con el control del partido republicano. Esto envalentonó a los empresarios, que se dedicaron a lanzar un ataque en toda regla contra el movimiento sindical, reduciendo así la capacidad negociadora de los trabajadores”.
Este reconocido economista –que también es columnista del New York Times y cuyos textos de Economía Internacional son bibliografía casi obligatoria para cualquier estudiante de economía– parece escribir con cierta nostalgia. Krugman (nacido en 1953) creció en un Estados Unidos de clases medias, fruto de las políticas implementadas por Theodore Roosevelt a inicios de los 30. Este presidente promovió una mayor intervención del Estado para favorecer las inversiones, el crédito y el consumo, buscando reducir el desempleo y así sacar al país de la situación de depresión en la que se encontraba desde 1929.
Algunos pudieran pensar que el autor exagera al preocuparse por la desigualdad de ingresos en la primera potencia económica del mundo, pero los números corroboran su versión: Estados Unidos es un país donde el uno por ciento más rico de la población tiene ingresos que representan más del 20 por ciento de los ingresos totales. Además, lo que se ganó de igualdad en las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se volvió a perder conforme llegó el ocaso del siglo XX: en 1920, el 10 por ciento más pudiente de la población tenía ingresos que representaban 43.6 por ciento de los ingresos totales; en la década de los cincuenta esta cifra descendió hasta 32.5 por ciento, pero para el año 2006 había vuelto a subir hasta 46.8 por ciento.
Este académico pone el dedo en la llaga cuando menciona que la esclavitud de la población negra es el pecado original de Estados Unidos, y que el racismo que la permitió todavía influye en la política actual. “El racismo es la causa de que seamos la única economía avanzada del mundo que no garantiza la atención médica universal a sus ciudadanos”, asegura.
Krugman no tiene pena alguna por expresarse a favor de los Demócratas para que retomen el control de la Casa Blanca, pues cree que este partido es el que puede promover un país más igualitario. “Es el Partido Demócrata el que encarna las aspiraciones del movimiento progresista, es el que quiere ir hacia adelante, que quiere encontrar nuevos enfoques para combatir la pobreza, encontrar alternativas para ayudar a quienes tienen dificultades para adquirir una vivienda, planes para implantar la atención médica universal”. Sus palabras llegan en un buen momento para quien quiera entender las divisiones que se viven en el país más poderoso del mundo y lo que implicará un triunfo o una derrota de Barack Obama.

miguel.vargasv@milenio.com

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