Hambre en Los Loxicha

San Agustín Loxicha, Oax.— Bartolo lleva media hora caminando entre veredas que aparecen y desaparecen en las montañas lluviosas de la Sierra Sur de Oaxaca. El agua forma charcos de lodo que el indígena nativo de esta región de los Loxicha burla con naturalidad. Hace calor en medio de la interminable llovizna que resbala sobre los techos de tejamil de las casas desperdigadas en la comunidad de Piedra Virgen.
—¿Hay aquí muertes por falta de alimento?
—No, nosotros conseguimos maíz.
—¿De qué muere la gente aquí?
—De enfermedades naturales.
—¿Cómo cuáles?
—Como la diarrea, la calentura, la gripa…
Bartolo, encargado de salud en Piedra Virgen, mantiene su marcha. Aumenta la velocidad del paso con la intención de que los recién llegados conozcan pronto a bebés de cinco meses que roncan cuando respiran y a niños tan débiles que no pueden ponerse en pie por sí mismos. Nuestro guía no sabe nada de medicina, pero es uno de los pocos que, además de zapoteco, habla el español. Su labor consiste en recibir al médico que viene cada mes de Miahuatlán a esta comunidad indígena de Oaxaca, que de tan lejana ni siquiera es censada en muchos estudios oficiales sobre la marginación.
Con la espalda encorvada, Bartolo recorre el horizonte de la serranía y de esos abismos repentinos que aparecen inconmensurables durante la caminata. Cuando se está fuera de las ciudades, la naturaleza, la geografía y el clima adquieren otra dimensión. El horizonte oculto entre los edificios de las ciudades aquí, en el campo, es inmenso, inabarcable.
Pero el horizonte que persigue Bartolo en los Loxicha es otro: es el horizonte del hambre que ronda estas montañas, no el del esplendor que se ofrece a la vista de los caminantes.

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Una helada o “contratiempo”, como dice Bartolo, arrasó con el maíz que sembraron en Piedra Virgen para alimentarse durante los primeros meses de 2008. Una vez que se quedaron sin alimento, como en la mayoría de las ocasiones, se las ingeniaron para conseguir el grano, comprándolo en las tiendas oficiales o recibiéndolo de líderes del PRI a cambio de sus credenciales de elector.
“El maíz no nos alcanza. Cada vez es mayor lo que cuesta y nuestra economía es menor”, explica Bartolo, con un español a veces intrincado. Además de comer maíz, los hombres y las mujeres de Piedra Virgen recogen yerbas amargas del suelo para que sus estómagos no estén vacíos. Chepil, yerbamora y quelite son recolectadas y cocidas después en vasijas con cilantro y sal.
A la dieta forzada, este lluvioso mes de junio aporta a los Loxicha la posibilidad de comer unas hormigas gigantes de color oscuro llamadas chicatanas, las cuales se envuelven en tortillas y se condimentan con sal. Los indígenas de las comunidades los mastican como auténticos manjares crocantes.

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En El Aguacate, comunidad loxicha a cuatro horas de camino a pie de Piedra Virgen, está una tienda de Diconsa. Inés Luis José, la indígena responsable de atenderla, dice que cada vez es mayor la molestia en la región. “La gente me dice que por qué estoy subiendo los precios, pero les digo que así me lo mandan. El aceite, el frijol y el maíz, que es lo que se come aquí, ha subido mucho el precio. El aceite llegaba en 13 pesos, luego en 16, después en 20 y ahora llegó en 25. El frijol ahora subió a 9.50 y estaba en 7 pesos”, relata, mientras atiende a Hilario, un anciano que embolsa los 50 kilos de maíz que acaba de comprar.
“¡Ah! —se acuerda—, y los supervisores nos dijeron que tuvieron una junta y que así iban a estar los precios, que porque casi no hay maíz ni frijol. Nos dijeron también que no podemos vender más de 50 kilos por persona, porque va a haber los que quieren comprar mucho para venderlo más caro después”.
Todos los productos que se consumen en la región han subido de precio. El único de estos alimentos que sigue costando igual es la sopa instantánea Maruchan, que también vende la tienda Diconsa. “Pero esas las compran las más de las veces los soldados”, dice.

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El 28 de agosto de 1996, aquí abajo de los Loxicha, en el puerto turístico de La Crucecita, Huatulco, el EPR hizo su aparición en Oaxaca. Uno de sus comandos atacó un cuartel de marinos de la cuarta Región Naval Militar, además de otros puntos oficiales. En los ataques hubo 12 muertos, la mayoría marinos y policías judiciales.
También murieron dos guerrilleros. Uno de ellos quedó tendido y fue reconocido por las autoridades como Fidel Martínez Martínez, regidor del municipio de San Agustín Loxicha. Dos semanas después el Ejército arribó a esa localidad, y de aquí no se ha ido desde entonces.
Frente a la presidencia municipal, una docena de soldados permanecen apostados, resguardándose como pueden de la llovizna.
Centenares de encarcelamientos, asesinatos, desplazamientos forzados y desapariciones han sucedido desde entonces. En Piedra Virgen y en el resto de las comunidades de los Loxicha, los indígenas mejor callan ante el asunto. Parece que tienen cosas más importantes de qué hablar por ahora.
Los héroes —y los villanos— por venir aún permanecen ocultos.

diego.osorno@gmail.com

Auh in axcan achitzinca

Auh in axcan achitzinca otihuallachix, otihualmozcali, otihualizcallohuac, otihualchamahuac, yuhqimma titototzintli quin ye timotlachopinilia.

Y ahora vienes, por breve tiempo, vienes mirar, has venido a crecer, has venido ha echar tallos, has venido a embarnecer, como si fueras un pajarito apenas puedes picotear.

Huehuehtlahtolli.

Saludos carnal!!!

Ojalá regrese a la tierra pronto, y nos preparamos unos buenos chicharrones de pollo.

te felicito Diego por tu

te felicito Diego por tu trabajo tan profesional, espero ya haya pasado el susto de loxicha

la extrema pobreza es

la extrema pobreza es indignante en un país que cuenta con tanta riqueza.Es el dolor de la pobreza, de la soledad, y por ultimo, de la desesperanza....

leerte es vivir lo ke tu

leerte es vivir lo ke tu vives..gracias por compartir

Soy de Miahuatlán, Oax. y,

Soy de Miahuatlán, Oax. y, a pesar, de que hablas de la pobreza de mi tierra, me da gusto saber que hay "alguin" que se interesa por dar a conocer esa realidad (triste). Este es un buen principio. Por cierto, sólo corrijo que los techos no son de "tejamil", ese material no existe. Los lugareños le llamamos "TEJAMANIL". De cualquier manera, cuando esto termine en libros sé que lo escirbirás bien y mejor.

Gracias

el hamre es canija a mi me

el hamre es canija a mi me daba por llorar mi miseria
cada que no teniamos para comer de ahi en adelante estoy inconforme
con toda clase de injusticia
felicidades diego.

Excelente artículo, parece

Excelente artículo, parece que ese viaje que has realizado te ha devuelto muchísimas razones para seguir escribiendo. Gracias por compartir esta realidad.