Arturo Reyes FragosoSombrero de Cuatro PedradasMi historial scout es un desastre: llegaron a correrme de la Asociación y reprobé el preliminar del curso de Insignia de Madera, humillación todavía mayor. Por si fuera poco, no fui rover investido ni Caballero Scout; además, un inoportuno berrinche con mi Akela le dio pretexto para negarme el Lobo Rampante. Todo esto me permite escribir sin remordimientos sobre temas escultas en periódicos, revistas y libros (Cuentos de una noche de campamento, Dos artistas en pantalón corto. Ibargüengoitia y Felguérez, scouts, entre otros). No debo hacerlo tan mal luego de veinte años de empecinada práctica, puesto que, todavía, existen despistados que leen mis engendros y hasta les gustan. Otros me retiraron el saludo.
Pasiones filatélicas
Ignacio González Siller es uno de los más connotados filatelistas scouts mexicanos, algo que se constata en el siguiente artículo de su autoría con el que engalanamos el blog esta semana.
En 1957, para celebrar el Jubileo del movimiento scout y el centenario del natalicio de su fundador, Baden-Powell, se realizaron, simultáneamente, un Jamboree, un Indaba y un Rover Moot, todos en Sutton Park, Inglaterra, un hermoso parque natural de 600 hectáreas, cercano a la ciudad de Birmingham.
Asistimos 31,426 scouts de 83 países; el clima fue desde una onda cálida hasta una tormenta que inundó partes del inmenso campamento. Otros miles de scouts aprovecharon la oportunidad de acampar en los campos y bosques cercanos. La delegación mexicana al Jamboree del Jubileo la integramos 22 scouts, de los cuales nueve asistieron al Indaba, ocho al Rover Moot y cinco —yo incluido como guía de patrulla— al Jamboree. Salimos a Europa dos días después del sismo que en la ciudad de México provocó la caída del Ángel de la Independencia. Luego de las actividades del Jamboree, toda la delegación efectuó un viaje de turismo por varias ciudades de Europa, que terminó a principios de octubre cuando el Sputnik, el primer satélite artificial lanzado por los rusos, tenía dos días dando vueltas alrededor de la Tierra.
Al estar allá y empezar a mandar mis cartas y postales a México, en las que contaba a mis amigos scouts y familiares lo que hacíamos, descubrí que las estampillas que usaba eran conmemorativas de los scouts, ya que este fue el primer Jamboree en Inglaterra en conmemorarse con estampillas de correo. Este fue mi primer contacto con la filatelia scout.

Después del Jamboree, convivimos en casas de los scouts ingleses y, un día paseando por el centro de Londres, encontré una tienda de filatelia donde compré un catálogo de estampillas scouts así como algunas de las estampillas emitidas aquel año en otros países: ahí se enlistaban todas las estampillas scouts conocidas hasta entonces, que eran nada más como 120 y algunas cancelaciones. Sonaba sencillo coleccionarlas y ahí inicié mi colección de filatelia scout.
Aquel año de 1957 se incrementaron las emisiones, al conmemorarse el 50 aniversario del primer campamento scout y el centenario del nacimiento de Baden-Powell. Pero no solamente fue eso, ya que, por tal motivo, el escultismo se promovió en todo el mundo de múltiples maneras, siendo una de ellas la filatelia, razón por las que se emitieron unas 60 estampillas alusivas en 20 países.
Regresando a México, y al mantener correspondencia con muchos scouts de varios países, poco a poco conseguí algunas de aquellas estampillas. Pero no todas venían en ese catálogo, ya que muchas eran nuevas al aumentar la presencia del escultismo en la filatelia.
A través de mi correspondencia conocí la existencia de clubes de coleccionistas especializados en filatelia scout, como la SOSSI (Scouts on Stamps Society International) de los Estados Unidos, y la SSCC (Scout Stamps Collectors Club) de Inglaterra. Por ellos encontré cada vez más estampillas con las que integré un primer álbum donde tenía algunas desde los años treinta y cuarenta, así como las nuevas que seguían apareciendo.
Para 1966 tenía bastantes páginas montadas, más o menos en orden, en un par de carpetas; entonces tuve oportunidad de participar en el V Curso de Adiestramiento del Equipo de Adiestramiento (TTT o Training the Team) en San Jorge Muxbal, Guatemala, donde conocí a William Hillcourt, un importante dirigente de los Boy Scouts of America y autor de Baden-Powell. Las dos vidas de un héroe, una de las principales biografías del fundador del movimiento scout, quien llevó a aquel curso sus estampillas del sitio Mafeking. ¡Ése fue otro gran descubrimiento! Así que era posible conseguir todavía aquellas míticas estampillas de finales del siglo XIX y principios del XX. Yo ni las había buscado, pensando que sería imposible localizarlas.
Empecé a tener correspondencia con coleccionistas especializados en Inglaterra y Estados Unidos, quienes me ayudaron a buscar aquellas reliquias; finalmente me llegó una carta de Londres, donde me anunciaban haber localizado algunas de las estampillas de Mafeking a la venta en una subasta, a un precio accesible. Así empecé a adquirir varias de las estampillas que se usaron en 1899, con la sobreimpresión de “Mafeking sitiada”, y después las tres azules de uso local, de 1900, con las imágenes del sargento Goodyear y del propio Baden-Powell.

Así mi colección se inició como debe ser, con las estampillas precursoras del escultismo, seguidas de las estampillas del “Correo Scout” de Checoeslovaquia, las de promoción de los scouts de Siam y Rumania, y después la primera donde aparece la imagen de un scout, las primeras conmemorativas de un Jamboree, y las primeras estampillas conmemorando una actividad de las guías, todas emitidas en Hungría, aunque la primera vez que se emitió una estampilla honrando al propio Baden-Powell como fundador del escultismo, fue hasta 1953, con motivo de la Conferencia Internacional Scout, celebrada en Vaduz, Liechtenstein.
Estas emisiones en memoria del fundador se multiplicaron en 1957, con motivo del centenario de su natalicio y el 50 aniversario del escultismo; en 1982, con motivo de los 75 años del escultismo y los 125 años del nacimiento de Baden-Powell (entonces se emitieron casi 800 estampillas, en 97 países); en 1991, por el cincuentenario de su fallecimiento; en 1997, por 90 aniversario del escultismo, hasta llegar al año pasado, en que se celebró en todo el mundo el 150 aniversario del natalicio de Baden-Powell y el centenario del escultismo, motivo por el cual incluso en México se emitieron dos estampillas conmemorativas.

Indudablemente la filatelia, la mayor actividad de coleccionismo en el mundo, no puede dejar de lado al escultismo, por el que han pasado más de 300 millones de personas y contar, actualmente, con 28 millones de miembros activos en 216 países y territorios del planeta. Se han emitido más de 3 mil estampillas alusivas en 270 países, además de infinidad de cancelaciones conmemorativas de eventos locales en muchos lugares.
Esta breve relación muestra como, durante más de un siglo, la filatelia se relaciona con el valioso legado de Baden-Powell, que se mantiene vigente en todo el mundo como la Organización Mundial Scout.
(Nacho será uno de los conferencistas estelares de la Reunión de Coleccionistas Scouts, a realizarse este fin de semana en la ciudad de México. Puedes consultar más información en http://www.circuloscout.com.mx/circulo/reco08/reco08.htm)
Llamadas de silbato
“Tú y tu condenada manía de arrancar las insignias mal cosidas”, le reclamé a mi hermano Adrián el domingo pasado, después de 25 años, en el Tok’s a donde nos metimos a cenar; acto, seguido, al tiempo de preparar mi pozole ordenado, le conté la canallada ya confesada en un artículo publicado en algún Tlatoani sobre cómo, siguiendo la tradición inculcada en la tropa —y que yo mismo mantuve al frente de la misma—, le arranqué de la manga la insignia de adelanto recién entregada a la Güera, con quien anduve tiempo después, cuando llegó a presumírmela frente a mis cuates en un evento en Meztitla. “Yo no la implanté”, se defendió Adrián, antes de arremeter sobre sus puntas de filete servidas en la mesa. “Eso ya se hacía desde antes que yo fuera jefe de tropa, y por supuesto se trataba de hacer un escarnio público: no te lo ibas a llevar a un rincón para quitársela discretamente y con suma delicadeza.” Mi error, concluimos, fue ignorar la susceptibilidad femenina ante esta cavernaria acción correctiva de nuestro grupo. Con el tiempo, mejor la Güera me perdonó que termináramos nuestra relación… porque lo que es haberle arrancado su insignia de la camisola, ni madres. Pero en serio: la traía mal cosida y éramos muy escrupulosos con esos menesteres.



