Mujeres y punto

Sábado, 24 Mayo, 2008

A Ceci Loría, nuestra maestra
en esta tarea de construir
una sociedad pareja-pareja

El relevo de tres consejeros del IFE ha puesto a la orden del día un tema que a estas alturas y después de tantos años ya no tendría que estar sujeto a discusión. El hecho de que las únicas tres consejeras que había en el anterior órgano electoral hayan sido desplazadas (Alejandra Latapí en la primera etapa, y ahora las otras dos Lourdes López y María Teresa González Luna) ha generado una serie de reacciones ante la necesidad de que esos espacios se cubran con candidaturas femeninas. Sin embargo, al igual que en los últimos 15 años, rápidamente se han alzado las voces señalando que la selección tiene que darse de acuerdo con las capacidades, sin poner por delante el asunto de las cuotas de género. Hay quienes incluso se han atrevido a plantear que, una elección de acuerdo con estos mecanismos de acción positiva, es denigrante y humillante para la mujer pues sólo se les considera por el hecho de serlo. Cómo si las 20 que comparecerán ante la comisión correspondiente de la Cámara de Diputados no tuvieran los requisitos y la capacidad para desempeñar ese cargo y, lo que es peor, como si éste fuera un menester que con la misma prontitud y severidad se les exige a los hombres. Hay quienes señalan que esta lógica opera contra las mujeres, pues por ejemplo 30 por ciento se ha colocado como un techo que no pueden rebasar. Por eso vale, a propósito de este debate, traer a colación la discusión que en el mundo entero se ha dado en los últimos tiempos. Es cierto que la petición de la inclusión de cuotas debió estar acompañada de toda una estrategia de fortalecimiento de liderazgos y de transformación cultural y educativa de la sociedad para garantizar su mayor efectividad. Pero también lo es que, aunque sea paulatinamente, la participación femenina se ha incrementado y la exclusión de este sector mayoritario de la población es ya políticamente incorrecto. Sin embargo, la experiencia indica que no ha sido suficiente para asegurar una representación plena, pues históricamente no se ha logrado cubrir este porcentaje, al grado de que en la actualidad hay menos diputadas y senadoras que en la legislatura anterior, sin mencionar la situación todavía más crítica de los congresos locales. Por eso, en esta nueva etapa, el planteamiento se ha centrado en la democracia paritaria, en la representación igualitaria de hombres y mujeres. Las mujeres del mundo han dejado atrás la complicada aplicación de las cuotas para exigir simple y llanamente lo que legítimamente les corresponde por la sencilla razón de que son la mitad de la población.

No es gratuito, por ejemplo, que el Consejo de Europa haya adoptado una serie de instrumentos jurídicos y legislativos para promover la paridad, señalando que la subrepresentación femenina constituye un elemento de ilegitimidad de cualquier ámbito de decisión política o de gobierno. Para tal efecto, estableció una estrategia marco para que en toda la comunidad europea se desarrollara el mainstreaming (este concepto político y técnico a la vez, alude a la integración y la presencia transversal de la perspectiva de género en todos los ámbitos de la política pública, estableciendo los canales de coordinación y financiamiento para lograr metas específicas, al tiempo que contempla la plena participación de la mujer) correspondiente. A partir de ahí, varios países europeos adoptaron diferentes sistemas para lograr esta mayor participación como es el caso, por citar algunos, de Suecia, Finlandia, Noruega, Alemania y, recientemente, España que se ha colocado en los 10 primeros lugares de la clasificación mundial gracias a las políticas de igualdad impulsadas activamente por Zapatero. En esos países no se andan con regateos. Por eso a quienes hoy se preguntan las razones de incluir al sexo femenino en condiciones equitativas en los espacios de representación y que aducen al ya sonado discurso de la experiencia, hay que contestarles simplemente que no se hagan bolas, que el IFE debe incorporarlas porque son mujeres… y punto. ¿Se necesita más?

rrobles@mileniodiario.com.mx