Obama y la unidad demócrata
En la recta final para lograr la nominación a la candidatura y con la mayoría de los delegados a su favor, el senador por Illinois tiene el dificil reto de no hacer sentir menos a Hillary Clinton.
Washington/ Des Moines.- Después de declarar la nominación demócrata “al alcance de la mano” al término de las primarias en Kentucky y Oregon, el 21 de mayo, Barack Obama comenzó a caminar por la línea delicada de unir al partido sin parecer que está sacando a Hillary Clinton de la contienda presidencial.
Obama prevaleció en Oregon con un margen del 58 por ciento ante 42 por ciento de Clinton. Pero como se esperaba, la ex primera dama ganó en Kentucky con 65 por ciento contra 30 por ciento de Obama, revelando la continua lucha del candidato por conectarse con los votantes de la clase trabajadora, que podrían desertar de los demócratas en las elecciones de otoño a favor de John McCain.
Aun cuando Obama está a menos de 75 delegados de asegurarse la nominación, elogió a Clinton cuando se refirió a que la contienda demócrata todavía estaba en duda. “Sin importar cómo terminen estas primarias, la senadora Clinton ha acabado con los mitos, ha roto las barreras y cambiado al Estados Unidos en el que crecerán mis hijas y las de ustedes” dijo Obama a sus partidarios en Iowa.
Mientras que se acercaba a Clinton con su discurso conciliatorio, Obama se regodeó de los 31 millones de dólares de fondos recaudados en abril, los que demostraron su fortaleza con la base del partido. Más de la mitad de las contribuciones que recibió fueron de 25 dólares o menos, y el candidato obtuvo a 200 mil donantes nuevos durante el mes pasado.
La abundancia de dinero en la nominación es fundamental para Obama mientras se prepara para enfrentar al republicano John McCain, cuyo mediocre desempeño en la recaudación de fondos queda anulado por la significativa desventaja financiera del Partido Demócrata.
El comité nacional republicano, que ha comenzado a coordinar sus esfuerzos con McCain, tiene alrededor de 40 millones de dólares disponibles para la batalla electoral de otoño, comparados con los menos de 5 millones de dólares con los que cuenta el comité nacional demócrata. Cuando se combinan con los 22 millones de dólares en la cuenta bancaria de la campaña de McCain, los fondos del Partido Republicano superan al capital de Obama y su partido.
Mientras tanto, la campaña de Clinton se aferró a las matemáticas como última esperanza para permanecer viable en la contienda. Dirigiéndose a sus partidarios en Kentucky, Hillary declaró que el “número mágico” necesario para la victoria no era 2 mil 026 sino de 2 mil 210 —un nivel que incluye a los disputados estados de Florida y Michigan. Antes, durante la campaña, Clinton había aceptado renunciar a los resultados en esos estados para honrar las sanciones del Partido Demócrata contra ambos, pero ahora argumenta que las dos delegaciones deben considerarse antes de que la contienda pueda terminar realmente.
Sus asistentes están insinuando que la alguna vez inevitable líder de la contienda podría no decidir su futuro de inmediato cuando termine la última primaria, el 3 de junio.
“Si el senador Obama llega a ese número [de 2 mil 210], lo felicitaremos”, dijo el 20 de mayo a CNN Howard Wolfson, el director de comunicaciones de Clinton. “Vamos a trabajar duro para que sea electo. Pero hasta que eso suceda —y no creemos que pase— no tenemos a un nominado. ¿Lo tendremos en junio? Eso sería grandioso. ¿Podría suceder después? Así es.”
Mientras Obama trabaja para ganar a los demócratas descontentos sin despertar la ira de Hillary o de sus partidarios, tiene mucho por hacer.
Las encuestas de salida a los votantes de Kentucky muestran que más de la mitad podría estar insatisfecha si Obama se convierte en el nominado del partido, y uno de cada tres dijo que votaría por McCain en otoño si Clinton no ganaba.
Aunque Obama mostró fortaleza en Oregon, no hay nada que sea más indicativo del desafío al que se enfrenta que el impuesto a la gasolina. Clinton ha apoyado el descanso de verano para el impuesto a la gasolina de EU, un plan al que Obama, junto con casi todos los expertos económicos del país, desecha como truco de relaciones públicas.
Mientras que una mayoría de los votantes de Kentucky apoyó la suspensión del impuesto a la gasolina, un número casi idéntico en Oregon concordó con Obama en que era una mala idea, mostraron las encuestas de salida.
Los asistentes de Obama se esforzaron por señalar que su discurso en Iowa, en la noche del 20 de mayo, no era una declaración de victoria en la contienda de nominación. Sin embargo, muchos partidarios lo consideraron como tal, y sus aplausos y vítores ahogaron sus palabras cuando anunció que había ganado una mayoría de los 2 mil 026 delegados comprometidos.
“Me gustaría que Hillary salga pronto, porque sabemos cómo terminará esto” dijo David Backstrom, un delegado a la convención demócrata del estado de Iowa.
Pocos en la multitud, mayormente blanca, de más de 7 mil personas —reunida cerca de los escalones del edificio de domo dorado del capitolio del estado, en la colonia East Village en Des Moines— parecía molesta por el prospecto de que votantes blancos, rurales, en estados tales como Kentucky puedan darle la espalda a Obama en las elecciones generales.
“Pienso que no hablan en serio” insistió Cris Schuster, estudiante de medicina. “Creo que Hillary Clinton es su candidata, y que decir que no votarían por Obama hace que ella se vea mucho más fuerte.”
El 20 de mayo, Clinton también reportó una fuerte recaudación de fondos, reuniendo 22 millones de dólares en abril, pero las deudas cada vez mayores y los dos préstamos personales que hizo a la campaña, la ponen en una posición financiera débil para seguir adelante. (C) The Guardian• Traducción: Franco Cubello



