Se parece tanto a Creel, que no pueden engañarnos
Miércoles, 21 Mayo, 2008
¡Ahora sí, Santigo Creel es un verdadero hombrecito! Muchos moralistas lo acusan de ser un miserable, un canalla y un mal mexicano por no haber aceptado desde el primer momento que era el padre de la pequeña Constanza, hija de la admirable Edith González. Nunca entendieron que el problema no era sólo que oliera a leña de otro hogar, sino que cuando fue cuestionado sobre el tópico sólo le preguntaron si tenía una hija, pero nunca le especificaron en qué colonia. Eso en primer lugar. En segundo, recordemos que por aquellos tiempos el hoy senador era el delfín del presichente Fox y de cara a las elecciones internas del PAN, siendo éste un partido tan dado a la doble moral y el golpe de pecho, seguramente lo habrían linchado sus correligionarios mucho antes de que lo lincharan en las urnas donde finalmente ganó Jelipillo, agarrándolo como al tigre de Santa Julia. Supongo que sus asesores blanquiazules le hicieron ver que no era conveniente para su carrera política reconocer la paternidad irresponsable, sin contemplar que para el grueso del pueblo mexicano la noticia habría sido tomada no diré con entusiasmo pero sí con benevolencia. En este país pocos estarían en posición de tirar la primera piedra; el que más, el que menos, tiene por ahí uno o varios productos de sus citas clandestinas.
A favor de don Santiago se puede argumentar que, a diferencia de tantos que no se dejan una pa’ comadre, cuando menos el ex secretario totalmente Palacio no se esperó a presentarse con su hija justo en la fiesta de 15 años disfrazado de chambelán. Digo, no es como el desobligado de Luis Miguel que, a pesar de las evidencias, no termina por reconocer como suya a la criatura que tuvo con Stephanie Salas, nieta de Silvia Pinal. ¿Y quién le dice algo? Nadie. La gente sigue comprando sus discos a pesar de que sean más malos, repetitivos y sin gracia que los discursos enjundiosos de Germancillo Martínez, alias el Uyuyuy.
Por supuesto, los grandes del pensamiento decimonónico, cuya virilidad es sólo comparable a la demostrada por el Cruz Azul frente a Jaguares, se aprestan a lapidar al insensato pecador. En vez de lincharlo por sus posiciones políticas ultramontanas, cuyos únicos signos admirables aparecieron cuando la emprendió contra la Ley Televisa, lo condenan nomás porque no gritó a tiempo lo que Carmelo Reyes, Cien caras, espetaba a la menor provocación en el éxtasis de la lucha libre: “¡Soy padre de más de veinte!”.
Así fueran pa’mantenerlos.
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