Pemex es una tómbola, tom, tom, tómbola
Lunes, 19 Mayo, 2008
El Canal del Congreso es un desperdicio. Tal vez no lo sepan, pero dentro de su hábitat natural en San Lázaro tienen un gran potencial para convertirse en un medio proveedor de entretenimiento y la publicidad al más alto nivel. Si la toma de protesta de Jelipillo, donde apareció de la nada cual paloma de la chistera de Beto El Boticario, se hubiera comercializado, mínimo habría generado ganancias estilo Superbowl. Es una tristeza que esas posibilidades se desperdicien, por ejemplo, con el debate de la reforma energética. Son tan álgidas las discusiones, tan encontrados ideológica, política y técnicamente los discursos, que aquello se convierte en un divertido espectáculo que debería ser vendido bajo el rubro Pago Por Evento. Ni siquiera la aparición de Elba Esther Gordillo en su enésima reforma educativa, con look de intelectual progres, donde habló de corrupción en el SNTE y pospuso el descuartizamiento de Chepina Vázquez Mota alegando que las mujeres pueden hacerse pedazos pero nunca se harán daño, le llega.
El Canal del Congreso tendría que haber vendido pautas publicitarias para grandes momentos del debate como cuando Carlos Elizondo Mayer-Serra de la Colina y Bárcenas, en representación del capitalismo salvaje, se enfrentó a Catémoc Cárdenas, que acusa a la propuesta jelipista de apátrida. No se diga durante los pródigos ejercicios histriónicos de Muñoz Ledo, las barrabasadas del Niño Verde, la negativa de Bety Paredes a hacer autocrítica por el papel del PRI en la transformación de Pemex en botín...
Y todavía los prianistas, amos del anticlímax, querían aplicarnos el fatídico fast track nomás para darle gusto a Calderón y echarnos a perder los goces de un debate que desde la histeria (sin la reforma del gobierno acabaremos peor que los chinos bajo los escombros del terremoto; con la reforma del gobierno acabaremos peor que los chinos bajo los escombros del terremoto), el elogio de la iniciativa privada (que Pemex sea un empresa voraz y monopólica a imagen y semejanza de Telmex), la denostación de la iniciativa privada (que Pemex sea como una comuna hippie, autosuficiente y macrobiótica), nos anuncia que el petróleo es una tómbola, tom, tom tómbola.
Esto es un archipiélago de síntomas urgidos de patrocinio. Casi al nivel del Consejo Coordinador Empresarial, que ante las evidencias de la pobreza en México ya ve los subsidios como un mal necesario. ¡Increíble! A ver si Germancito Martínez no acusa a la cúpula empresarial de populista.
jairo.calixto@milenio.com


