Pemex y la mitología nacionalista

Lunes, 19 Mayo, 2008

Dos amarras que han ahogado a Pemex a lo largo de los años son la mitología nacionalista y la debilidad fiscal del Estado. Hablaré hoy de la primera y mañana de la segunda.

El petróleo y Pemex son parte de nuestra economía real pero son, sobre todo, emblemas de nuestra nacionalidad imaginaria. Ésta es una atadura simbólica pero más férrea que cualquiera real.

La mitología nacionalista ha tomado en estos días la forma de un apasionado constitucionalismo. No sé cuánta energía hayan gastado el gobierno y el PRI pactando que la reforma petrolera no tocaría la Constitución, ni hablaría de los satánicos “contratos de riesgo”, que la violan.

Es alegable que no sólo los contratos de riesgo, sino todos los contratos otorgados por la nación en materia petrolera son inconstitucionales, pues violan lo dispuesto a la letra por el artículo 27 de la Constitución. Este artículo dice en su párrafo sexto:

“Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos y gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado”.

Si de lo que se trata es de defender y cumplir la Constitución tal como está, podemos empezar hoy mismo cancelando, por inconstitucionales, todos los contratos que Pemex ha celebrado con terceros.

Lo cierto es que la restricción impuesta a los contratos en materia energética por la reforma de 1960 es impracticable. ¿Cómo puede imaginarse siquiera la administración elemental de industrias como la petrolera y la eléctrica sin otorgar contratos a terceros?

No estamos obligados a lo imposible, aunque lo diga la Constitución. Con una Constitución como la mexicana que ha sido cambiada 476 veces resulta particularmente caprichosa la idea de que la Constitución no puede tocarse.

El artículo 27 no se ha tocado pero tampoco se ha cumplido desde que en 1960 se expulsaron del texto los contratos. Se expulsaron del texto, no de la realidad.

En su iniciativa el gobierno ha respetado de dientes para afuera el texto constitucional, tratando de saltarse sus restricciones mediante cambios en las leyes secundarias. Es una astucia y una simulación.

Los nacionalconstitucionalistas incurren en una simulación equivalente cuando dicen que no debe tocarse un texto, que se incumple todos los días, porque encarna la voluntad de la nación. La voluntad de la nación, hasta donde puede verse, ha sido no cumplir ese texto.

hector.aguilarcamin@nexos.com.mx