La educación es primero

Sábado, 17 Mayo, 2008

Si alguna reforma se tiene que hacer con urgencia es la educativa, pues es en este terreno donde se encuentran los principales obstáculos que han impedido que el país levante alas, como sí lo han hecho otros que hace apenas alguno años se encontraban por debajo del nuestro. Porque no se puede pensar en el desarrollo y el progreso de México si la educación no se convierte en la prioridad, si no se entiende que ésta debe ser el principal motor de la economía y de la sociedad mexicana. Tampoco se puede hablar de un México moderno si no se ataca de raíz el deterioro en el que se ha sumido el sistema educativo, producto de años de neoliberalismo que han sacrificado la educación pública y concebido a nuestro país como un simple proveedor de mano de obra barata, poco calificada. Evaluaciones recientes dan cuenta de esta dramática circunstancia: de acuerdo con la prueba PISA, México es el de más bajo nivel escolar de los 30 que integran la OCDE; según la misma, uno de cada dos de sus alumnos es incapaz de resolver problemas elementales, lo que representa que están poco capacitados para continuar con estudios superiores y, lo que es peor, que carecen de competencias y habilidades para enfrentar en mejores condiciones la vida. Otra perla: de acuerdo con un informe del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, la materia de historia obtuvo los peores resultados en siete áreas diagnosticadas al grado de que 70% de los evaluados no pudo reconocer los principales personajes de la Revolución mexicana, y 54% no supo identificar el descubrimiento de América. Aún más: mientras que en promedio se cursan ocho años de escuela, los indígenas sólo alcanzan tres; y si el índice nacional de alfabetismo es de 90% a nivel nacional, en la población indígena es tan solo de 66%.

Por eso vale la pena analizar la propuesta de la Alianza por la Calidad Educativa para Vivir Mejor, pues centra la atención en uno de los grandes problemas nacionales. Sin embargo, es necesario que este proyecto se convierta realmente en una transformación de fondo del sector educativo, lo que de antemano se antoja difícil si se considera que una traba para su mejora ha sido una dirigencia sindical que durante años ha estado más preocupada por la consecución de espacios de poder. Este constituye un aspecto fundamental, pues lo que ha permitido un crecimiento educativo en otros países es precisamente la comprensión de que debe atraerse a los mejores y más capacitados a las tareas docentes, con todo lo que esto implica desde el punto de vista de remuneración salarial, pero sobre todo de mecanismos de ingreso y ascenso ajenos a toda lógica corporativa y política, lo que no sucede en México. A esta perspectiva parece obedecer la idea de incorporar en esta alianza nuevos métodos de reclutamiento, capacitación, evaluación y promoción de los maestros vinculados más al desempeño que a las filias políticas (lo que debe seguramente querer la inmensa mayoría del magisterio). Pero para que esto sea una realidad, la tarea debe estar en manos de personalidades y expertos que, con completa autonomía de la cúpula sindical y los intereses creados, logren instaurar mecanismos verdaderamente transparentes de selección y promoción, porque se trata ni más ni menos que del futuro de los niños y niñas mexicanos, así como del país. Adicionalmente, hoy no sólo se trata de combatir añejos rezagos sino de enfrentar otros derivados de los nuevos fenómenos mundiales que como la globalización han generado una nueva brecha —la digital— con graves consecuencias en la educación, al tiempo que se profundizan aún más las desigualdades asociadas a la pobreza. Pero no sólo. Es fundamental concebir a la educación como la prioridad de todos, como el igualador social por excelencia, como el detonador del progreso, como el mecanismo para garantizar en efecto el éxito individual y la competitividad de nuestro país, pero también para promover valores y la convivencia pacífica, reconstruir identidades y fortalezas como mexicanos y, sobre todo, construir ciudadanos.

Ser… o neceser

Qué importante que el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de orientación a la comunidad le haya sido entregado a los familiares de Felícitas Martínez y Teresa Bautista, las dos valientes indígenas cuyas voces fueron violentamente acalladas por romper el silencio.

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