El fetichista de la carretera
Sábado, 17 Mayo, 2008
Algunos especialistas del fenómeno criminal han considerado las décadas 70 y 80 en la ciudad de Los Ángeles como el nacimiento de un culto, un regreso a lo primitivo, un nuevo tribalismo. Lo cierto es que, nomenclaturas aparte, fue un periodo ominoso marcado por las actuaciones de los primos Kenneth Bianchi y Angelo Buono, conocidos como “los estranguladores de las colinas”; además de Herb Mullin, Richard Trenton Chase, Ed Kemper, Richard Ramírez y William Bonin, entre otros, todos ellos asesinos seriales de tiempo completo, cuyas atrocidades convirtieron a Los Ángeles en la capital mundial del asesinato serial.
Pero a la sombra de esos grandes árboles homicidas proliferaban pequeñas setas igual de venenosas.
En julio de 1986, en la isla Terminus, en Sacramento, no muy lejos de Los Ángeles, un pescador halló el cuerpo desnudo de una mujer que flotaba en el agua boca abajo. Las autoridades determinaron que la mujer había sido asesinada en otro lugar, antes de ser arrastrada hasta la orilla de la isla. Una marca púrpura alrededor del cuello de la víctima indicaba que fue estrangulada. La policía se apoyó en los reportes de personas desaparecidas para intentar conocer su identidad.
Días antes, el 15 de julio, un matrimonio había reportado la desaparición de su hija, Stephanie Brown, quien había sidio vista por última vez mientras caminaba hacia su auto, acompañada de su novio, después de reunirse con unos amigos. El auto de la chica fue localizado en un tramo de la carretera I-5, aproximadamente a 15 kilómetros de donde el cuerpo de Brown fue hallado.
La autopsia demostró que el cuerpo tenía varias laceraciones producto de golpes, ninguno de ellos mortal. Se confirmó que falleció estrangulada. No había presencia de semen. Sin embargo, un detective puso atención en la fotografía de la occisa y, con base en la imagen, preguntó a los padres si Stephanie se había cortado el cabello recientemente. El matrimonio respondió que su hija siempre había traído el cabello largo, lo que contrastaba con el cabello corto del cadáver. La respuesta causó inquietud entre el equipo que participaba en la autopsia, pues la experiencia acumulada en los años que los detectives llevaban combatiendo a los monstruos les aconsejaba que el fetichismo es una de las características de los asesinos seriales, y el corte del cabello de Stephanie Brown pudo ser motivado por una conducta fetichista.
El malquerido
En agosto de ese mismo año, Anselmo y su hija Charmaine Sabrah manejaban en la madrugada por la carretera I-5, después de asistir a una fiesta. En su euforia habían olvidado cargar gasolina. En algún punto de la arteria, el auto se detuvo. Charmaine encendió las luces intermitentes en señal de que requerían ayuda. Minutos después, una camioneta de dos plazas apareció. El conductor les confirmó que se habían quedado sin combustible, por lo que se ofreció a llevar a alguna de ellas a la gasolinera o al teléfono de monedas más cercano. Charmaine debía llegar pronto a casa para atender a su hijo. Subió a la camioneta del desconocido y su esqueleto fue recuperado tres meses después en un paraje cercano al condado Amador. La madre no pudo aportar detalles del desconocido. Su ebriedad y la oscuridad se lo impidieron.
El asesinato de la prostituta Lora Heedick, de 21 años, y la investigación subsecuente en torno a la última persona con quien fue vista, condujo hasta un hombre llamado Roger Kibbe, quien fue detenido por una infracción de tránsito. Su nombre estaba asociado a los sospechosos del asesinato de las mujeres. Aunque en su cajuela la policía encontró diversos artefactos presuntamente relacionados con los homicidios, las autoridades no pudieron retenerlo, sobre todo porque el hermano de Kibbe era un agente de homicidios y logró encubrirlo. El sospechoso fue liberado y los asesinatos continuaron.
La discusión con una prostituta que no quiso subirse al auto de Kibbe condujo a la detención definitiva del individuo. En esa ocasión fue acusado de asalto y las autoridades tuvieron el tiempo suficiente para vincularlo con el asesinato de Darcie Frackenpohl y condenarlo a 16 años de prisión.
Todas las víctimas de Kibbe fueron violadas y estranguladas. Todas fueron capturadas en la carretera I-5. Su modo de operar consistía en manejar por la carretera hasta que encontraba su objetivo, siempre una mujer. Después se adelantaba unos kilómetros, detenía su automóvil, levantaba el cofre y fingía que su unidad estaba descompuesta. Pedía ayuda y, si la mujer se detenía, la mitad del plan estaba cumplido. Sin embargo, también concentró sus esfuerzos en cazar prostitutas.
El odio que Kibbe sentía hacia las mujeres quiza lo explica el hecho de que tuvo una madre dominante, que lo golpeaba y humillaba constantemente, al grado que el niño muchas veces pensó que era adoptado. Su inseguridad se reforzó en sus años escolares al sufrir agresiones. Ya de adulto, Kibbe se casó con Harriet, una mujer áspera, muy parecida a su madre. Posiblemente la furia que nunca pudo expresar contra su madre y esposa la derivó hacia sus víctimas.
Ya en prisión, Kibbe confesó otros asesinatos a su esposa, quien a su vez compartió la información con la policía. Fue acusado por los demás homicidios (que en total fueron seis) y su castigo de 16 años podría convertirse en pena capital. El proceso está en curso.
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