Van a vender muy caro su amor

Jueves, 15 Mayo, 2008

En esta esquina, el supremo Gobierno, a punto de lanzarse al ring provisto de una propuesta calculadamente timorata para no despertar las furias de unos adversarios políticos que, en el banquillo de enfrente, se solazan en rechazar, por principio, cualquier propuesta mientras que sus socios de ocasión se relamen los bigotes al computar las cifras en que van a vender su amor.

Don Pinchetti, embajador plenipotenciario de don López (alias Rayito), ya avisó de que la reforma petrolera –o petrolífera o como le quieran ustedes llamar— es punto menos que inaceptable. Eso es lo que se llama negociar, señoras y señores. Al hombre lo vamos a enviar al Medio Oriente de mediador para que les brinde lecciones de intransigencia a las partes.

En cuanto a los priistas, se juegan la sustancia misma de los dogmas que tan fieramente cultivaron a lo largo de 70 años: haría falta un Salinas de carne y hueso, encaramado en la cabina de mando del presidencialismo más absoluto, para revocar la madre de todos los principios del nacionalismo-revolucionario, a saber, ese axioma supremo de que el “petróleo es de todos los mexicanos”, un mandato que, a estas alturas del partido, sigue siendo tan incuestionable como el misterio de la inmaculada concepción.

Los perredistas pueden patalear ahora. Pero, como los votos no les alcanzan en el Congreso, no les quedará otro recurso que el espantajo de la violencia, ese “estallido social” del que, un día sí y el otro también, nos avisa el caudillo salvador. Los priistas, por contra, se saben tan indispensables como el macho proveedor de la casa chica entendiendo, encima, que si no cooperan podrán aducir que no es por capricho sino, mira tú, por fidelidad a sus convicciones. En sus manos está, pues, el porvenir de la patria. Son el fiel de la balanza y el árbitro supremo. Se frotan las manos mientras el tiempo pasa y pasa y pasa y pasa…

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