The Chupacabras affaire, chiquito pero picoso
Lunes, 12 Mayo, 2008
Ya más relajado por la exoneración de Juan Camilo Mouriño, el que sería nuestro próximo ex secretario de Gobernación, Salinas de Gortari puede declarar misión cumplida. Le estropeó las fiestas de 70 años a Monsiváis, nos propinó sus sentidas contribuciones al caos y al desorden, consiguió que algunos ingenuos cayeran en su garlito (hay hasta quienes lo consideran autoridad aguda y moral, algo así como el Catémoc Blanco de la política ficción, e imploran al Niño Fidencio que les haga el milagro de beatificarlo en vida, mientras se incorporan al Ejército Salinista de Liberación Naconal), y de paso le rayó el fuselaje a la administración calderonista al mandar al pobre Jelipillo prácticamente al ostracismo. Ni siquiera los gritones discursos contra la delincuencia organizada después de las matazones de los últimos días consiguieron que El Hijo desobediente le hiciera sombra al Facilitador social.
El Chucapabras es tremendo.
Ahora bien, tengo la teoría de que el licenciado Salinas de Gortari armó todo este numerazo con un solo objetivo además de desprestigiar a Zedillo (bueno, eso no tiene mucho chiste): hacer enmuinar a López Obrador (digo, tampoco es un gran logro, eso hasta el más ínfimo de Los Chuchos lo consigue sacándole la lengua) y alterarle la plácida existencia campirana al ex presichente Fox, algo que se consigue hasta con el pétalo de una Hummer. Sí, lo que en el fondo quería era conseguir una beca completa para el prestigiado Centro Fox (donde los sueños yunquistas se hacen realidad), que se cobran en dólares como toda escuela patito con pretensiones.
El pacto de no agresión quedó sellado: contra su naturaleza blablasónica, Fox no respondería a las acusaciones del Yoda tricolor que a lo lejos le gritaba: “¿Me estás oyendo, inútil?”, y además lo dejaría tomar de gorra materias salvajamente gruperas como: Marketing político, soy quien soy y no me parezco a naiden; Propuestas de campaña, Administración estratégica o ¿Y el jeep rojo, apá?; Manejo de medios de comunicación en situaciones de crisis o ¿Y yo por qué?; Habilidades y negociación políticas, o Haiga como haiga sido; Gestión política. Liderazgo: aplicación de emociones a asuntos públicos e interpretación política de las emociones, o no todas las lavadoras de dos patas son románticas.
Salinowsky saldrá lo suficientemente instruido como para escribir su próximo engendro que se titulará: The Chupacabras affaire, memorias de un ex presidente chiquito, pero picoso.
jairo.calixto@milenio.com


