Emilio, El Yunque y la Iglesia

Sábado, 10 Mayo, 2008

A estas alturas del partido no hay duda de que El Yunque existe. Está claro que tiene vigencia como organización reservada, que no secreta (la principal diferencia, según lo ha descrito Fernando M. González, investigador del IES de la UNAM, es que la primera está obligada a reportarle al obispo de su comunidad) y que su función en los años 50 y 60 fue la batalla contra el Estado laico y las políticas públicas que de él derivaron. Durante los primeros años de existencia, la vida de El Yunque estuvo marcada más por las pugnas con sus propios aliados (como los Tecos de la Autónoma de Guadalajara) que por la visión de poder. Con la llegada de los grupos empresariales al PAN comienza también el arribo de los grupos más radicales de derecha, muchos de ellos vinculados a El Yunque (pero no necesariamente equiparados) como fue el DHIAC, las organizaciones femeniles de defensa de la moral tipo Ancifem, la Unión Nacional de Padres de Familia, etcétera.

De El Yunque comienza a hablarse en el PAN en los años 90 y no es hasta la llegada al poder de Vicente Fox que se vuele importante, visible en su invisibilidad y, como buena organización reservada, un mito al que se le atribuyen todo y que, por lo mismo, se quiere explicar todo a partir de lo que nadie sabe pero todos intuyen. La negación de su existencia se vuelve prueba de su existencia, y la negación de sus acciones prueba de su perversidad (Álvaro Delgado es la mejor expresión de esta forma de razonamiento). Aunque como novela es maravillosa y como sistema de explicación perfecto (bendito sea el complot que evita tener que pensar) la existencia de El Yunque en sí misma no es suficiente cuando se trata de explicar, por ejemplo, lo que pasa en Jalisco con Emilio González Márquez y sus polémicas decisiones sobre el uso de recursos públicos en obras vinculadas con la Iglesia católica.

Más allá de su pertenencia o no a El Yunque, lo que sí podemos decir del gobernador de Jalisco es que su agenda de gobierno está íntimamente ligada a la agenda de la Iglesia católica. Hay en 14 meses de gobierno signos inequívocos de que para Emilio González Márquez la relación con el cardenal es la más importante en términos políticos, hay una coincidencia programática e ideológica y una preferencia de las instituciones vinculadas a la Iglesia católica sobre el resto (la pertenencia a El Yunque implicaría además una obligación de jerarquía con respecto al arzobispo de Guadalajara pero que Emilio González asume “sin problema” como católico, con lo cual la militancia yunquista pierde trascendencia). Así como hay un cúmulo de pequeñas y grandes muestras de preferencia hacia la Iglesia católica no hay, hasta ahora, un cambio en las políticas públicas de salud y educación que son los dos ámbitos donde el rompimiento del Estado laico puede traducirse en políticas públicas discriminatorias o de riesgo para la población. Digo claramente “hasta ahora” porque sí hay presiones de grupos conservadores (yunques o no) para intervenir en los contenidos de la educación, concretamente en materia religiosa y en las enseñanzas sobre sexualidad (nunca acabaré de entender esa perversa obsesión de algunas iglesias —no sólo la católica— y grupos sociales por controlar la sexualidad ajena). Las presiones vienen de los mismos grupos y las mismas personas que hace 24 años, en enero de 1984, hicieron en Guadalajara el movimiento Libertad de Educación en oposición a la entonces reforma educativa planteada por Jesús Reyes Heroles, padre, donde participaban los mismos membretes presuntamente vinculados a El Yunque y que luego aparecerían como prominentes miembros del PAN (en aquella ocasión, por cierto, jesuitas, maristas y monjas del Sagrado Corazón se deslindaron del movimiento).

En materia de salud es lo contrario. El discurso del gobernador contra los condones ha sido claro (y chusco, por supuesto, con aquella declaración de “¿por qué nada más condones?, vamos repartiendo un six de cervezas y vamos dando el vale para el motel…” algunos seguimos esperando, ansiosos, que cumpla su promesa) pero, otra vez hasta ahora, no ha habido un cambio en las políticas de salud en ese tema: la Secretaría de Salud Jalisco reparte más condones per cápita que ningún otro estado del país y es pionera en reparto de condones en zonas rurales.

La pregunta es, pues, si Emilio González gobierna desde la Iglesia, para la Iglesia o con la Iglesia. El matiz es fundamental. Un análisis simplista diría Emilio es yunque, El Yunque está gobernado por la Iglesia, ergo Emilio gobierna desde la Iglesia y el que manda es el cardenal. Está bien para el cotorreo o para una marcha de protesta, pero lo simplista es enemigo de lo inteligente. ¿Podemos decir que Emilio González gobierna para la Iglesia y/o con la Iglesia? Sí. Una buena parte de su agenda social y las políticas públicas del gobierno están vinculadas a las obras y los intereses de la Iglesia católica (independientemente de su calificación moral) y la base social y los cuadros de una buena parte del equipo del gobernador de Jalisco están vinculados a organismos de la Iglesia católica: tienen esa doble militancia católica y panista, y transitan de una a otra sin conflicto. Es este gobierno para y con la Iglesia lo que le ha reportado a González Márquez tantas bendiciones y absoluciones del cardenal, pero que le ha traído tantos problemas con otros grupos sociales y con instituciones del Estado como el Congreso de la Unión o la Secretaría de Gobernación. El asunto no es pues si Emilio es yunque, ni qué es El Yunque, sino si la agenda conjunta del gobierno e Iglesia viola los preceptos del Estado laico. Lo demás, es lo de menos.

diego.petersen@milenio.com