Carta a Poncho

Sí, Poncho, sí, la misma que un día conociste. Pero vino la lluvia de silencio y todo quedó arrasado. Te dejó buena impresión ¿no? A mí sólo dos besos y un tren en marcha.

No sé qué hago contándote esto, carajo. Pero la viste (¿verdad que la viste?) ¿Cuántos años teníamos entonces? ¿veinticinco? ¿treinta? ¿Por qué Dios siempre llega de pie y se va avergonzado?

Tú sabes que a ocho kilómetros de mi puerta estaba la suya. Los conté a pie y equivocado. Pero Poncho, dime una cosa aquí entre nos: ¿verdad que era hermosa?

Sr. Demiricuos: Porque mejor

Sr. Demiricuos: Porque mejor no se evita la molestia de leer algo que no es de su agrado, por que tomarse el tiempo? Aproveche su tiempo en algo que valga la pena (segun usted). Quedese en su orilla y nosotros en nuestra trinchera. Por que complicarse la existencia?

Gerardo: Me encanto, me hizo pensar en los amores pasados. Y no importa cuantos años hayamos tenido, para el amor, la pasion, etc., no hay edad. Y si, carajo, como quisiera volver atras. Recuerda, no cambies.

La existencia es complicada

La existencia es complicada o al menos para mí, desde el rincón de esta turbia oficina, lo es; ignoro si lo será para otros, pero tampoco quiero inmiscuirme tanto en la vida de los demás. Ahora que en cuanto a lo de aprovechar el tiempo. Mire usted (porque es usted, ¿verdad?), desde nuestros presocráticos ya andaban preocupados por eso del tiempo... seguiré debidamente su consejo, se lo aseguro. Habla usted de una trinchera y el sólo sustantivo me parece de lo más romántico. ¿Qué trinchera es esa?, ¿la de la verdadera poesía?, ah, quedo deslumbrado por la luz de sus palabras. Diga usted a qué trinchera se refiere. ¿Es una metáfora?, ah, entonces debería usted también contar con su propio blog. Ah, por cierto, ese comentario suyo me remite más a letra de bolero que a crítica o comentario. Y esa última frase: recuerda, no cambies, es casi como de anuncio de televisión anunciando un producto por demás desconocido. En fin: caras vemos, blog nos sabemos. Reciba usted un cordial saludo, estimado, y gracias por preocuparse de este humilde habitante de una orilla, de este humilde despilfarrador de tiempo (tiempo que, por otra parte, es mi hora de comida, y escribo, al contrario de usted, sólo porque sí). Y eso de leer cosas del agrado de uno es como perderse la oportunidad de leer tan buenos textos como el suyo.

Licenciado, me parece un

Licenciado, me parece un relato lleno de metafora, bello, pero es que hoy escribo poco, no tengo muchas palabras para el amor.

¿Por qué Dios siempre llega de pie y se va avergonzado?

¡Ah, qué mi buen Poncho!,

¡Ah, qué mi buen Poncho!, que recibe cartas en forma de diálogos donde él, por supuesto no está presente, o bien es una presencia omnipotente, o bien no vemos a Poncho como mero recurso poético de nuestro poeta. Evite usted, mi estimado, esas horrorosas cacofonías que tanto bachean el texto; evite, asimismo, querido poeta, los sonidos malvados al terminar una palabra. No le veo mayor chiste a su poema en prosa (¿por qué es un poema, verdad?) que unas cuantas reminiscencias a lo más meloso de Sabines, y unas cuantas pinceladas de lo más cursilón de Neruda. No hay forma. No hay ritmo. No hay creación de atmósferas. Todo es un textito que ni es carta, ni es poema, y se queda como a la mitad de entre el cielo y el infierno. Ah, esa interjección (CARAJO) está ya, señor mío, demasiado quemada, ¿no cree usted?, intente jugar un poco más con las palabras y no deje que éstas sean las que jueguen con usted. Busqué adjetivos o expresiones más originales porque esa... En fin... ¿Qué más?, en cuanto a la imagen de ese tren en marcha, es, digamos, una imagen que casi es lugar común de lo refriteada que está. Sigo en lo mismo: usted se empeña en autoreciclarse cuando ni siquiera tiene material para reciclar. No se duerme en sus laureles, estimado Ortega, pues paciencia he tenido para revisar su blog y he visto, con cierto asombro, que la mayoría de los comentarios no pasan de ser meros saludos, meras felicitaciones sobre superficie, y hasta una denuncia con mala ortografía encontré. No se quedé en sus laureles, Ortega, y no venga a amenazarnos con que va a escribir dos veces a la semana (por lo que se ve: usted ha de escribir a diario y como maquina embrutecida (Lowry dixit), ¿verdad?) Reciba saludos poéticos desde estas orillas y quedo a la espera de su generoso comentario. Sin más por el momento quedo a sus órdenes para lo que así disponga... ah, por cierto: ¿revisó usted la coincidencia de Poncho con ese verbo tan utilizado por nosotros Ponchar?

Estimado Demiricuos. Le

Estimado Demiricuos. Le agradezco que se tome el tiempo de leer con atención los textos y además exprese aquí su opinión.

Me llama la atención una característica en este y en casi cualquier blog: las personas que comentan son sinceras (desde su razón y desde su estómago). Y lo son, creo yo, porque no sienten que le tengan que ver la cara al tipo que escribe. Es decir, son sinceras porque no tienen ningún impedimento para no hacerlo. Las personas que escriben elogios, son sinceros, y lo agradezco. Usted también es sincero, pues usted puede escribir todo lo que su objetividad y subjetividad le dicten y jamás saber yo quién es la pesona que está detrás de un seudónimo, ni podré verlo cara a cara. Y no lo busco ni lo necesito. ¿entiende la diferencia? Asumo que este es uno de los riesgos de escribir publicamente.

En cuanto al contenido de mis textos, también seré completamente sincero: Me llamo Gerardo Ortega, y escribo lo mejor que puedo.

Gracias por la observación del nombre Poncho y sí, creo que es cacofónico.

No escribo a diario aunque a veces salen algunas notas varios días seguidos. Intento, al menos, terminar un texto cada tercer día.

Gracias por llamarme poeta, sea o no ironía.

Gracias Demiricuos.

Gerardo Ortega

mmmmmmmmm esta vez voy

mmmmmmmmm esta vez voy a tratar de dar una participación profunda al poema del día de antier

Un saludooooote de corazon. :)

Gracias Rebeca, por el

Gracias Rebeca, por el interés. Yo voy a tratar de no fallar en publicar lunes y miércoles.

Saludos desde estas trincheras.

Gerardo Ortega (y Cassette).

aaahhhhh!!! el amor de

aaahhhhh!!! el amor de verano. caminar bajo el sol ya no es como antes.

Gracias Manuel, está muy

Gracias Manuel, está muy bien eso de caminar bajo el sol, pero bajo el sol de una playa, no el de Monterrey.

Saludos