Las palabras son tan innecesarias para el buen orador. La retórica del líder y su respuesta para las eventualidades están en la habilidad de medir con igual precisión fonemas y silencios, certezas y ambigüedades.
Entenderá quien deba entender. Para el resto quedará la posibilidad y la anécdota. Pero el destinatario sabe que hay mucho más.







